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San Adriano

San Adriano

San Adriano, a veces referido como Adrián, es un santo mártir de la iglesia católica, víctima durante los primeros siglos de la era cristiana, sufrió el martirio en tiempos del gobierno del emperador Diocleciano. Reformó su vida al presenciar la valentía de otros mártires, se convirtió al cristianismo y trabajó como misionero, hasta que fue capturado, torturado y condenado a muerte en Cesarea de Palestina.

Adrián (o Adriano) vivió durante el siglo III en la región de Cesarea de Palestina. Actualmente para reconstruir sus datos biográficos se dispone de escasas informaciones, tan solo con lo registrado en el martirologio y en algunos relatos de las biografías de los primeros mártires.

Según es narrado, Adrián era un ciudadano romano que trabajaba como militar miembro de la guardia del emperador Galerio, y en el cumplimiento de estas funciones, participó como verdugo en muchas persecuciones contra los cristianos. En una ocasión, Adrián fue testigo del juicio contra veintidós fieles, que fueron condenados, torturados y posteriormente martirizados.

Adrián quedó tan impresionado con la valentía y firmeza de la fe de estos devotos, que sintió la necesidad de conocer a ese Dios y ese amor que ellos profesaban. De esta manera, Adrián se separó de sus funciones militares y procuró convertirse y bautizarse en la iglesia de Cristo.

Otros relatos son menos precisos. Parece que Adrián se hizo un miembro activo en la iglesia de Palestina, y que participaba en grupos de evangelización con otros compañeros cristianos.

En aquellos días, el emperador Diocleciano había promulgado el edicto en contra de la religión cristiana, todos los cultos quedaban prohibidos y los fieles eran perseguidos. Adriano se encontraba en un viaje hacia Cesarea, iba con un grupo de cristianos a visitar otra comunidad católica, cuando fueron apresados por órdenes del procurador general de Palestina, Firmiliano.

Cuando fue interrogado, Adrián se reconoció cristiano y siervo del ejército de Cristo, por ello inmediatamente fue condenado a terribles torturas. El procurador mandó a que lo azotaran, y luego su piel fue desgarrada con garfios de hierro. Expuesto la carne viva de su cuerpo, Adrián fue arrojado a las fieras, y finalmente lo decapitaron y descuartizaron. Sucedió aproximadamente en el año 306 en Nicomedia o Bitinia.