Saltar al contenido

Oración al Ángel de la Guarda

El Ángel de la Guarda es una figura especial de la devoción cristiana católica que manifiesta una creencia de que todas las personas tenemos un ángel protector designado por Dios, que camina con nosotros a nuestro lado, cuidándonos y protegiéndonos.

Oraciones al Ángel de la Guarda

Ángel de la Guarda

El estudio de los ángeles de la guarda nos invita a tener un trato más cercano con ellos, de modo que se fortalezcan las relaciones de confianza y amor, y podamos acudir a su presencia en busca de ayuda.

Del mismo modo, al ángel de la guarda se le conoce como el ángel custodio y protector, cada alma tiene uno, cuya tarea es ser la compañía de cada uno a lo largo de la vida y en la muerte. El ángel de la guarda representa una presencia de amor, que cuida, guía y conforta a las personas en sus caminos, acompañando al ser humano en todo momento.

La creencia en la figura del ángel de la guarda data desde tiempo antes de que comenzará su proclamación en las religiones cristianas. Civilizaciones como la griega, los asirios, los babilonios, apostaban por la existencia de unos espíritus guardianes que acompañaban al hombre y eran representados con monumentos y figuras que se asemejaban a los ángeles que hoy en día se han representado.

Las Sagradas Escrituras representan a los ángeles como espíritus puros que adoran a Dios y siguen sus órdenes. En el Nuevo testamento, numerosos pasajes hablan de lo que podrían ser los ángeles de la guarda y su función en el resguardo de las personas, por ejemplo, en un pasaje narrado en Hechos 12, 15, se describe como San Pedro es liberado de la prisión por un ángel.

Angel-de-la-guarda

De modo que la creencia en esta devoción es una idea que defienden los cristianos en la que se plantea que Dios asigna a cada persona un ángel de la guarda para que sea nuestra guía y protección en el camino.

El Ángel de la Guarda en el catolicismo

La existencia y creencia de la figura del “ángel de la guarda” no ha sido definida con exactitud por la iglesia católica, a pesar de que es ampliamente aceptada. Varios personas religiosos importantes como San Gerónimo, y otras figuras de la iglesia como el papa Francisco, han expresado una opinión frente al ángel de la guarda.

Los ángeles protectores son figuras celestiales, designadas por Dios para acompañar al hombre desde su nacimiento hasta la muerte, ya que la vida de todo ser humano, siempre está acompañada de la custodia y protección de Dios.

El Ángel de la Guarda es esa protección de Dios directa y en contacto permanente con el hombre, quien además de librarlo de los peligros, conduce sus pasos hacia la vida del cristiano, fiel y devota. La fe nos enseña a creer en que llegará el momento del Reino de Dios, donde se construirá una sociedad bienaventurada, con ángeles, hombres y todos unidos a Dios. Esto es lo que enseña el catecismo de la iglesia católica.

El Ángel de la guarda actúa como un espíritu que conduce la vida y decisiones de los cristianos, muchas veces se expresa por medio de esa “intuición” que guía las conductas en el camino, esa voz que el hombre escucha cuando le sugiere alerta, precaución o cuidado ante alguna situación. Esta es la expresión del ángel protector que Dios coloca como nuestro compañero de viaje.

Al ángel de la guarda se le puede pedir consejo, protección, guía, ayuda, entendimiento y perseverancia en la fe. Es una costumbre muy común entre los cristianos, recitar diversas oraciones para realizar estas peticiones al ángel de la guarda. Más numerosos aún son los relatos de intervenciones divinas y milagrosas en la vida de las personas donde queda evidente la ayuda de Dios en el auxilio del hombre.

Son frecuentes los relatos de intervenciones divinas en el Antiguo Testamento, en la historia del Génesis, en el relato de Moisés y en el libro de Tobías, un ejemplo perfecto del ángel Rafael enviado por Dios para protección y sanación de la familia de Tobit. Jesús también hace mención a los ángeles en el Nuevo Testamento.

Oración del Padre Pío al ángel de la guarda

Santo Ángel Custodio, protege mi alma y mi cuerpo.

Ilumina mi mente para que conozca mejor al Señor y lo ame con todo el corazón.

Asísteme en mis oraciones para que no ceda a las distracciones y ponga la más grande atención.

Ayúdame con tus consejos, para que vea el bien y lo cumpla con generosidad.

Defiéndeme de las insidias del enemigo infernal, sostenme en las tentaciones para que siempre sea capaz de vencerlas.

Suplanta, elimina mi frialdad en el culto al Señor: No dejes de atender a mi custodia hasta que me lleves al Paraíso donde alabaremos juntos al Buen Dios por toda la eternidad.