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Oración a San Alfonso Maria de Ligorio

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San Alfonso es un santo nacido en Italia, en la región de Nápoles, el día 27 de septiembre del año 1696. Llegó a ser Doctor de la Iglesia, pues destaca en su labor, la escritura de importantes artículos sobre la moral. Además, San Alonso fue el fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, cuyos miembros son los conocidos redentoristas. A San Alonso se le considera el patrón de los confesores y de los moralistas.

Desde niño fue brillante, con gran facilidad para los idiomas, las ciencias y las artes. Este santo curso estudios de derechos y ética cuando apenas tenía 13 años de edad, en los cuales alcanzó el grado de doctorado con tan solo 16 años en la Universidad de Nápoles en el área de derecho civil y canónico, se ordeno como sacerdote y en su búsqueda por enseñar las bondades de la vida cristiana al pueblo, realizó una labor de predicación en la cual además publicó diversas obras, entre ellas muchas de teología y moral. En estas disciplinas se le considera un ejemplo de maestro.

Ejerció el derecho durante 8 años, hasta que en un juicio se dio cuenta de que sin saberlo había apoyado lo que era falso, entonces comenzó su conversión. Se retiró al convento de los lazaristas, y durante la cuaresma de 1722 hizo la confirmación. La fe comenzó a ser un sentimiento fuerte y profundo en su corazón, así que hizo un voto de castidad y se separó de su profesión.

Luego en la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, solicitó ser admitido en el oratorio, y con 30 años de edad se ordenó como sacerdote. Desde entonces comenzó la práctica de la predicación sencilla de corazón, atendiendo a los necesitados y abandonados en las calles. San Alfonso organizó numerosas misiones en Nápoles y en otras regiones. En sus últimos años de vida se dedicó a escribir obras de teología como La Practica de amar a Jesucristo, Las Glorias de María y La Preparación para la muerte.

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Oración de San Alfonso María Ligorio

Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos.

Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido.

Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás.

Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia! Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo.

Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida.

No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero.

Amén.

Oración de San Alfonso María de Ligorio al Santísimo Nombre de María

¡Madre de Dios y Madre mía María!

Yo no soy digno de pronunciar tu nombre; pero tú que deseas y quieres mi salvación, me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura, que pueda llamar en mi socorro tu santo y poderoso nombre, que es ayuda en la vida y salvación al morir.

¡Dulce Madre, María! haz que tu nombre, de hoy en adelante, sea la respiración de mi vida.

No tardes, Señora, en auxiliarme cada vez que te llame, pues en cada tentación que me combata, y en cualquier necesidad que experimente, quiero llamarte sin cesar.

¡María!

Así espero hacerlo en la vida, y así, sobre todo, en la última hora para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado:

“¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”

¡Qué aliento, dulzura y confianza, qué ternura siento con sólo nombrarte y pensar en ti!
Doy gracias a nuestro Señor y Dios, que nos ha dado para nuestro bien, este nombre tan dulce, tan amable y poderoso.

Señora, no me contento con sólo pronunciar tu nombre; quiero que tu amor me recuerde que debo llamarte a cada instante; y que pueda exclamar con san Anselmo: “¡Oh nombre de la Madre de Dios, tú eres el amor mío!”.

Amada María y amado Jesús mío, que vivan siempre en mi corazón y en el de todos, vuestros nombres salvadores.

Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre, para acordarme sólo y siempre, de invocar vuestros nombres adorados.

Jesús, Redentor mío, y Madre mía María, cuando llegue la hora de dejar esta vida, concédeme entonces la gracia de deciros: “Os amo, Jesús y María; Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía”.

Amén.

Oración a Santa Teresa de Jesús de San Alfonso María de Ligorio

Oh, Santa Teresa, Virgen seráfica, querida esposa de Tu Señor Crucificado, tú quien en la tierra ardió con un amor tan intenso hacia tu Dios y mi Dios y ahora iluminas como una llama resplandeciente en el paraíso, obten para mi también, te lo ruego, un destello de ese mismo fuego ardiente y santo que me ayude a olvidar el mundo, las cosas creadas, aún yo mismo, porque tu ardiente deseo era verle adorado por todos los hombres.

Concédeme que todos mis pensamientos, deseos y afectos sean dirigidos siempre a hacer la voluntad de Dios, la Bondad suprema, aun estando en gozo o en dolor, porque El es digno de ser amado y obedecido por siempre.

Obten para mí esta gracia, tú que eres tan poderosa con Dios, que yo me llene de fuego, como tú, con el santo amor de Dios.

Amén.

Oración a San Alfonso María de Ligorio para ganar juicios

Oh san Alfonso María de Ligorio, glorioso y gran santo del Señor que ahora que vives y gozas de felicidad en los Cielos y desde allí nos llenas de favores y remedios cuando en nuestros problemas legales y judiciales, en nuestras dificultades de papeles y tramites nos vemos confusos, desamparados e indefensos y nos sentimos solos y desatendidos.
Escucha estas peticiones que con humildad presento ante ti y obtenme, por favor, rápida y feliz resolución.

Por el amor del Sacratísimo y Divino Corazón de Jesús y del Inmaculado y compasivo Corazón de María, te ruego despejes mis caminos y me ayudes a ganar este pleito que esta pendiente y hace que mi vida no sea tranquila y libre:

(nombrar el juicio, o proceso, o tramite, excarcelación y lo que se desea obtener).

San Alfonso, Doctor de la Iglesia, hombre lleno de caridad, amor y piedad hacia el prójimo, tú que en vida fuiste eminente abogado y por especial disposición de la Iglesia, eres “santo patrono de los abogados”, tú que amaste y defendiste la justicia en la tierra, consígueme un dictamen rápido y que me sea propicio; protege a mi abogado y dale sabiduría y corrección, haz que los que me han de juzgar o resolver mis asuntos no sean duros ni rígidos, no sean injustos y que tengan buena disposición, clemencia y compasión para entender las circunstancias que me rodean y los agobios por los que paso, haz que todo sea resuelto favorablemente y yo pueda salir con bien de estos conflictos.

Te pido bendito san Alfonso seas mi defensor en mis problemas jurídicos, en todo aquello que implique ley y justicia, siempre que sea de acuerdo con los designios del Señor y su Divina Justicia.

Te suplico ruegues por mis difícil situación ante la dispensadora de todas las misericordias, la Virgen María, Madre de Dios, y ante Dios nuestro Señor y les solicites un juicio justo con una sentencia favorable para salir de estas preocupaciones que tanto perjudican mi vida familiar y me privan de la libertad y el sosiego.

San Alfonso María de Ligorio, alcánzame de Dios el perdón de mis faltas y de mis pecados,  yo (decir tu nombre) prometo ser mejor persona y reformarme, y hacer mas a menudo obras de caridad con el projimo, y sobre todo, santo bendito, enséñame a saber orar bien, a tener un amor tan puro como el tuyo hacia Dios,  hacia Jesús Sacramentado y hacía nuestra Madre María Santísima, para darles gracias, alabarlos y bendecirlos por los siglos de los siglos.

Amén.

Oración de San Alfonso María de Ligorio

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombres estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar.

Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que me has hecho, y especialmente por haberte dado tu mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en esta iglesia.

Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono.