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Oración a San Silvestre

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San Silvestre es un personaje religioso que durante el siglo IV fue escogido como el papa número 33 de la iglesia católica, período bajo el cual se llevó a cabo el primer Concilio de Nicea.

San Silvestre (o Silvester, por su nombre en latín) nació en el año 270 en la ciudad de Roma, en el seno de una familia de padres romanos.

Su trabajo religioso comienza cuando, a raíz de la muerte del Papa Melquíades, San Silvestre fue nombrado obispo de Roma (31 de enero del año 314); tan solo un año antes se había firmado el Edicto de Milán, que permitía a los cristianos reunirse para predicar y orar su religión. En el tiempo de San Silvestres como Papa, el emperador Constantino I “el Grande”, tuvo una participación activa y beneficiosa en los trabajos de la Iglesia.

Otras de las intervenciones de San Silvestre promovieron importantes mejoras en la iglesia católica, fortaleciendo la fe y el cristianismo.

Como Papa, san Silvestre participó en los movimientos de lucha para defender al cristianismo. Entre estos, envió sus delegados al Primer Concilio de Nicea (año 325) donde se condenaron las enseñanzas de Arrio (y su doctrina, el arrianismo) y se redactó el Credo Niceno, que era una recopilación de las creencias fundamentales del cristianismo para esa época. Bajo su pontificado, se ordenó la construcción de importantes iglesias en la ciudad de Roma, tales como la Basílica y el Baptisterio de Letrán, la Basílica del Palacio Sesoriano, Santa Croce, la Iglesia de San Pedro (en el Vaticano), así como algunas otras iglesias en honor a mártires.

San Silvestre hizo importantes contribuciones para la liturgia de la iglesia romana; también promovió la redacción del primer libro que recopilaba la historia de los mártires romanos.

Es el primer papa que no murió martirizado; falleció un día 31 de diciembre del año 335. Su cuerpo fue sepultado en la vía Salaria, en el cementerio de Priscila, ubicado a cuatro kilómetros de Roma, donde posteriormente se construyó una iglesia en su honor.

Oración a San Silvestre

“Piadoso, hospitalario y angélico Silvestre que emanaba, allá donde iba, de las enseñanzas de Cristo y de las pruebas que tenía que afrontar para que supieran que el Hijo de Dios practicaba sus milagros.

Dotado de un gran espíritu de caridad, ayudó a muchos cristianos hambrientos y faltos de fe, hasta que los convirtió a amar a Dios y a su Hijo Jesucristo y, en una corriente sin fin, a difundir sus divinidades al mundo. Apóyame, San Silvestre. Que soy un hijo más de una organización benéfica y que lo hago sin esperar nada a cambio. Amén.”

Oración a San Silvestre Papa para encontrar el amor

San Silvestre, santo de los casos imposibles, santo de los casos difíciles ayúdame a reconocer el amor verdadero a poder saber y reconocer cual es el paso que debo seguir para poder encontrar el amor.

San Silvestre, solo quiero poder sentir el verdadero amor en mi vida, poder sentir que eres el guía de mi camino y con tu luz ilumina mis pasos, mis actos.

Quiero poder amar sin condición, estar ahí, cuando me necesiten, acompáñame en mi reencuentro con el amor, quiero que derrames tu bondad tu valentía, para este paso no apresurar quiero que des la paciencia para yo poder esperar que mi verdadero amor llegue a mi vida.

Oración a San Silvestre para año nuevo

San Silvestre, tu sabiduría y prudencia siempre han destacado en tu vida, así que estamos arrodillados en este momento, pidiéndote que nos guíes, no dejando que nos falte nada en este nuevo año que comienza ahora.

Que tengamos salud, paz, alegría, nuevas amistades, mucho amor, que nos libere de la angustia y nos mantenga alejados de cualquier peligro. San Silvestre, confiamos en tu fe y en tu santísima fe en Dios. ¡Ruega por nosotros!” (Reza el Salmo 23).

Oración a San Silvestre contra enemigos

Oh San Silvestre, gran luchador en defensa de la fe y de los humildes, has derrochado a los infieles seguidores de los dioses paganos, has ganado las batallas contra los moros y contra los del Islam, has herido y ablandado tu corazón condenado, que en vida domaste serpientes venenosas, pitones y voladoras, sé mi pastor.

San Silvestre, protégeme de los peligros y defiéndeme con fe, líbrame de las insinuaciones de los enemigos que conspiran contra mí en la sombra, en la oscuridad, con tu poder, todos ellos vendrán a pedirme perdón.

Por la gloria de la luz. Por la fuerza de las aguas. Por la pureza del fuego. Por ímpetu del aire. Que así sea, que así sea.

Amén.