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Oración al Divino Niño Jesús

La fiel y preciosa devoción para honrar al divino Niño Jesús, es una fiesta de celebración muy popular dentro del catolicismo, sobre todo en países latinos como Colombia, en donde se le venera  profundamente.

Oraciones al Divino Niño

Divino Niño Jesús

Sin embargo, la adoración a la imagen y los méritos de la infancia de Jesús, comenzó tempranamente de la mano de otros santos. En el año 1200 San Francisco de Asís ya recordaba con mucho respeto y devoción el nacimiento de Jesús celebrando la navidad con un pesebre, honraba de esta manera la bondad del Hijo de Dios que se había hecho hombre para el perdón de los pecados.

Posteriormente fue San Antonio de Padua quien continuó esta devoción al Divino Niño Jesús, quien además según cuentan las historias, tuvo visiones de la imagen del Divino Niño. San Cayetano también demostraba esta fe, lo que pedía lo solicitaba por los meritos de la infancia de Jesús.

En la época actual Santa Teresa profesaba un amor especial por el Divino Niño, a quien cuenta haber visto en una visión, y que posterior a esto se hizo llevar siempre consigo a todos sus viajes una imagen del Niño Jesús que regalaba a los sitios donde llegaba.

En América Latina la adoración al Divino Niño Jesús inicia en Colombia en el principio del siglo XX, traída por los devotos carmelitas y luego por la comunidad Salesiana. Los favores logrados por la intervención del Divino Niño Jesús fueron numerosos. Se describe el testimonio particular de un milagro ocurrido en 1915 cuando una familia pide a la imagen del Divino Niño Jesús la sanación para su hija quien sufría horribles dolores a causa de una enfermedad reumática,  y la niña quedo sana.

La adoración al Divino Niño Jesús representa una luz para el mundo, honra de la vida, y perdón ante la atrocidad cometida por los hombres con tantos abortos y niños abandonados. Jesús dice que el reino de los cielos es de los niños, y que el amor de su Padre llegará a nosotros cuanto más parecidos seamos a los niños.

La Biblia y la Devoción al Divino Niño

En la Biblia pueden encontrase varios pasajes a lo largo de los evangelios que reconocen la figura de los niños como individuos especialmente amados por Dios, y que incitan a las personas a tomar una conducta pura, ingenua ante la vida para tener la fe necesaria para recibir el perdón de Dios y poder entrar al cielo.

Específicamente, en el evangelio de San Mateo, en su capítulo 18, Jesús recibe con los brazos abiertos a un grupo de niños y se dirige a la multitud diciéndoles que deben cambiar, ser como niños, para poder entrar al Reino de los Cielos; además, pide que dejen que los niños se acerquen a Él.

También encontramos en el evangelio de San Juan, un pasaje que invita a poner nuestra confianza en el nombre de Jesús, como Hijo del Dios padre: “todo lo que pidas en mi nombre yo lo haré, para que mi Padre sea glorificado en el Hijo”.

Estas citas son menciones a la devoción de Jesús en la figura de niño y como hijo de Dios.

Concretamente, la devoción por el Divino Niño Jesús parece haber nacido en el Monte Carmelo en Israel, poco tiempo después de su resurrección y ascensión a los cielos. Las historias cuentan que en este lugar, Jesús de niño acudía con sus padres y abuelos a rezar, pasear y jugar. Los hombres que eran de aquella región se participaban de las oraciones y desarrollaron gran afecto por el niño. Al revelarse Jesús como el hijo de Dios, aquellos que lo recordaban habitantes del Monte Carmelo, continuaron haciendo referencia a la imagen del Niño Jesús con cariño y devoción.

Esta historia es defendida por la congregación de los Carmelitas, quienes han sido importantes propulsores de la devoción al Divino Niño Jesús. De la casa de los carmelitas nació la hermana Margarita del Santísimo Sacramento, quien en el año 1636 recibió la promesa del Señor Jesús quien le pedía que pidiera en razón de los méritos de su infancia, y así nada le sería negado. La misión de la hermana Margarita era propagar la fe por la divina infancia de Jesús.

Hoy en día, el Divino Niño Jesús es reconocido y adorado en muchas partes del mundo y se conocen varias representaciones del Divino Niño como la imagen del Niño Jesús de Prada en Checoslovaquia, el Santo Niño de Atocha en México, y el popularmente milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia.

Santos promotores de la Devoción al Niño Jesús

La devoción por el Niño Jesús cuenta con relatos que la remontan desde el siglo III y con el pasar del tiempo muchas figurar religiosas importantes se hicieron portavoces y promotoras de dicha devoción.

En el año 1200 encontramos a San Francisco de Asís, quien invitaba a celebrar la navidad con la realización de un pesebre para simular el lugar de nacimiento de Jesús en Belén, acompañaba su liturgia de un sermón de Nochebuena inspirado en el Hijo de Dios y Salvador del Mundo, Jesús.

También San Antonio de Padua fue un importante devoto del Niño Jesús, su historia cuenta que experimentó visiones del Divino Niño, y que lo invitaba a adorarlo. En la iconografía, San Antonio de Padua lleva al Niño Jesús cargado en sus brazos.

Otro santo que se pinta con el Niño Jesús en brazos es San Cayetano, un fiel devoto que invitaba a rezar y pedir por los méritos de la infancia de Jesús.

En tiempos más actuales importantes figurar religiosas también hicieron esta profesión de devoción hacia el Divino Niño. Tal es el caso de Santa Teresa del Niño Jesús, quien tuvo un profundo amor por el Niño desde que contemplo la visión de una escalera y en lo alto la figura del Niño Jesús. Desde entonces, en todos sus viajes la santa llevaba una pequeña imagen del Divino Niño que entregaba como obsequio en las comunidades para fomentar la oración al Niño Jesús.

San Juan de la Cruz, un fraile español quien vivió durante el siglo XVI también fue un fiel devoto del divino niño. En el siglo XVII, la hermana carmelita Margarita del Santísimo Sacramento recibió la misión de popularizar la fe en el Divino Niño Jesús.

Más recientemente, a comienzos del siglo XIX, la devoción a la imagen del Sagrado Niño Jesús llega a América del Sur, específicamente a Colombia con la construcción del templo de San Roque a cargo de los padres salesianos, de la mano del sacerdote Juan Rizzo quien fue uno de los más fieles devotos y precursores de la devoción al Divino Niño Jesús de nuestros tiempos.

Colombia y su devoción por el Divino Niño Jesús

En el año 1914 se inicia en la ciudad de Barranquilla en Colombia la construcción del Templo de San Roque a cargo de los Padres Salesianos, en medio de una comunidad de muy bajos recursos; los religiosos se dieron la tarea de recorrer la ciudad para pedir limosnas para la construcción. El sacerdote superior, el padre Briara, le encomendó la tarea de recaudación a otro sacerdote que recién llegaba, el padre Juan Rizzo.

Rizzo sentía vergüenza de pedir limosna, pero siendo obediente siguió el camino de su misión. Rizzo era un fiel devoto de la virgen María y pensó que si esta le había concedido tantos favores, cuantos no lograría si pedía al Niño Jesús que la virgen lleva en sus brazos. Aquel día, el padre Rizzo le encomendó su tarea de recaudación al Niño Jesús, y logró recolectar tres veces más de todo lo que el superior había conseguido en toda la mañana.

Así comenzó la devoción por el Divino Niño Jesús y los milagros que son posibles al pedir por los méritos de su infancia. Casi 20 años después de aquel acontecimiento, el padre Juan Rizzo viaja a Bogotá para trasladarse al barrio 20 de julio de la región sur. Convencido de que debía propagar la devoción al Divino Niño, el padre Juan encontró un almacén de arte religioso propiedad de un italiano, y le encargó una imagen del Divino Niño Jesús que el padre Rizzo llevó a la comunidad del 20 de julio, donde se hizo un fiel predicador de los milagros del Divino Niño, promoviendo la fe entre las familias y todos los miembros de la comunidad, la conversión de los pecadores y muchas familias se hicieron devotas y recibieron favores en nombre del Divino Niño Jesús.

El padre Juan hablaba de cuatro condiciones para tener fe en las oraciones encomendadas al Divino Niño: ofrecerle una misa por nueve domingos y confesarse y comulgar para ellas; dar una libra de comida a los pobres; si la persona tiene recursos comprar un mercado para los pobres; y ser propagadores de los milagros del Divino Niño contando su experiencia para otros así como repartiendo sus oraciones.