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Oración a San Silvestre II

Silvestres II fue el papa de la iglesia católica N° 139, estando a cargo de la Santa Sede durante el 999 hasta el 1003. Este período se caracterizó por enfrentamientos en Roma que se veía dominada por la injerencia alemana,  cuyo emperador Otón III imponía a sus representantes en la Santa Sede; sin embargo, tratase de un religioso erudito y sabio, conocedor de diversas ciencias, con una brillante trayectoria y reconocimiento por sus virtudes. Su memoria litúrgica se recuerda el 12 de mayo.

Silvestre II, cuyo nombre era Gerberto de Aurillac, nació en el año 945 en la región de Auvernia en Francia. Desde joven sintió las inclinaciones por una vida religiosa, por lo cual ingresó al monasterio de San Gerardo de Aurillac, donde además cursó estudios de gramática, retórica y dialéctica (disciplinas que componen el Trívium). En el 967 se traslada a Barcelona para ingresar por tres años al monasterio de Santa María de Ripoll en Gerona, donde tuvo contacto con las ciencias árabes en el estudio de las matemáticas y la Astronomía.

A finales del 969 regresó a Roma y pasó muchos años como tutor de Otón II. Luego marchó al arzobispado de Reims donde instruía varias disciplinas en el colegio episcopal. En el 983 fue designado como abad del monasterio de Bobbio en Italia por Otón II; pero al cabo de un tiempo acabó por regresar a Reims. En el año 991 aceptó el nombramiento de arzobispo en dicha sede, tras la deposición de Arnulfo; no obstante, esta decisión sería revocada en el 996, y Gerberto decide entonces trasladarse a la corte de Otón III, quien le encarga el arzobispado de Rávena en el 998.

Luego de la muerte del papa Gregorio V, en el 999 Gerberto de Aurillac es nombrado como sucesor y consagrado el 2 de abril, a partir de entonces toma el nombre de Silvestre II, siendo el primer papa francés.

Durante su pontificado se enfrentó a focos revolucionarios populares que de daban como pequeños estallidos en Roma, por lo que tuvo que huir a Rávena; aunque contaba con el apoyo del emperador Otón III, los esfuerzos no eran suficientes para apaciguar el descontento. Tras la muerte de Otón III en enero del 1002, Silvestre II llegó a un acuerdo con los aristócratas romanos quienes le permitieron volver a la sede hasta su fallecimiento el 12 de mayo del año 1003.