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Oración a San Valerio

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San Valerio fue un religioso reconocido por la iglesia católica y nacido en Reims al noroeste de Francia, quien se trasladaría a la capital antigua de dicho país, Limoges, donde practicara una vida eremítica en medio de una choca en la que pasaba horas eternas en meditación y de la que solo salía para visitar la iglesia o marchar en peregrinación, durante el siglo VI.

Una breve historia cuenta que Valerio era un hombre de buena familia, de valores cristianos y nobles, quien tenía especial devoción por san Marcial. Estando un día en Limoges, visitó la iglesia de este santo y en ese momento se sintió invadido por un deseo de abandonar todo y comenzar una vida de ascetismo y eremítica. Entonces emprendió la construcción de una pequeña iglesia para el mártir san Julián y en las adyacencias de esta se hizo de una celda que era más bien una choza en la que se escondía del mundo y se dedicaba a orar y rezar.

No obstante, ganó rápidamente fama, por lo que muchos llegaron a el por consejo y dirección, ya que san Valerio podía conceder milagros gracias a su fe en Cristo, era un taumaturgo. Lo visitaron hasta el día de su muerte, cuya fecha es imposible determinar con precisión debido a las escasas fuentes de información sobre la vida de este santo, quizás a mediados o finales del siglo VI.

De inmediato, tras su muerte comenzaron los honores y el culto local a san Valerio. De hecho, se fundó un pueblo llamado Saint-Valery-Sur- Somme, donde se construyó una capilla en honor a la memoria de este santo, junto con una imagen del mismo. Su fiesta se celebra el 10 de enero.