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Oración a San Urbano VI

Urbano VI fue el papa de la Iglesia católica N° 202, su mandato ocupó los años entre 1378 y 1389. Su elección se produjo en medio de una confusión tremenda donde el pueblo romano, reclamando por un papa nativo sería el detonante para la elección de este pontífice aún sin ser cardenal. Aunque, en principio sus razones fueron bien vistas y aceptadas, su actitud arrogante y temeraria desencadenó un cisma, el nombramiento de un antipapa, y el enfrentamiento con varios reinos europeos. Su memoria se recuerda el 15 de octubre.

 Urbano VI, cuyo nombre era Bartolomeo Prignano, nació en Itri en el año 1318. De su camino religioso se conoce que vivió un tiempo en Aviñón, luego fue consagrado arzobispo de Acerenza en Nápoles y luego obispo de Bari en el año 1377. Durante el gobierno del papa Gregorio XI era administrador de la iglesia.

Su elección se produjo en medio de grandes presiones. El 7 de abril de 1378, 16 de los 22 cardenales del colegio cardenalicio se reunieron para la decisión del sucesor de Gregorio XI. El pueblo, clamaba a la entrada del cónclave por un papa romano; la turma intranquila, llevó a los cardenales que estaban divididos en las clásicas facciones italiana y francesa llegar a un acuerdo, un italiano debería ser el sucesor. De los presentes, el cardenal Francesco Tebaldeschi era un anciano, y el joven Pietro Orsini no tenía la edad suficiente, por ello, optaron por escoger a Bartolomeo Prignano, arzobispo de Bari, quien no era cardenal y por tanto no estaba presente.

Orsini se dirige al pueblo para pedirles que fueran a San Pedro, la multitud entiende que el cardenal de San Pedro, Tebaldeschi había sido el electo. Para corregir el mal entendido, el cardenal grita “Bari, Bari”, señalando al arzobispo de Bari, Bartolomeo, pero la multitud entiende que el electo ha sido el francés Jean de Bar, y enfurecidos amenazan con matar a los cardenales. Esto provoca que se dé la falsa presentación del cardenal Tebaldeschi como pontífice, en cuanto contactan a Bartolomeo para su aceptación, y una vez entronizado este ultimo como Urbano VI, se aclara el mal entendido y es recibido con júbilo.

Sus primeras medidas parecen justas. Reformas fueron implementadas para lograr la unidad de la iglesia y limitar los abusos de poder. No obstante, poco a poco fue adoptando una conducta altanera y desconfiada. Se entrometió en las políticas de Nápoles, amenazando a Juana I de Anjou con recluirle en un convento si no pagaba los tributos. Sus acciones que parecían ser arbitrarias, llevaron a que un grupo de cardenales se reuniera en Anagni el 9 de agosto de 1378, donde publicaran un manifiesto declarando nula la elección de Urbano VI que había sido hecha por la presión del pueblo, y nombrando al cardenal Roberto de Ginebra el 20 de septiembre de 1378 como el antipapa Clemente VII, esto marcó el inicio del cisma de occidente.

Los cristianos se dividieron, en Alemania, Flandes e Italia apoyando a Urbano VI; Castilla, Aragón y Navarra en actitud de espera, y el resto de las monarquías Europeas del lado de Clemente VII.

En acto seguido, Urbano nombró 29 cardenales, siendo 20 italianos, depuso a Juana de Nápoles, colocando a Carlos Durazzo, quien incumplió el acuerdo con el papa de unir en matrimonio a su sobrino con Inés de Ruffo, pariente del rey.

Urbano VI viaja a Aversa para llegar a un acuerdo con el rey, pero este lo encarceló en octubre de 1383, siendo solo liberado por la intervención de los cardenales. El papa se refugia en Norcea y con sus mismas actitudes arrogantes, nombra nuevos cardenales partidarios de sus decisiones, quienes lo apoyan en la excomunión del rey.

En contra de Clemente VII, Urbano VI anuncia una cruzada en agosto de 1387, se dirige a Perugia para buscar recursos y ayuda, pero tras un año de intentos, desiste y regresa a Roma. A su regreso, sufre un accidente que lo deja imposibilitado y fallece el 15 de octubre de 1389.