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Oración a San Urbano II

Urbano II fue el papa N° 159 de la Iglesia Católica, en el período comprendido entre los años de 1089 a 1099, en contra posición al antipapa Clemente III. Es muy conocido por su papel en la predicación de La Primera Cruzada que se llevó a cabo entre los años 1094 al 1099, con el fin de la recuperación de la Tierra Santa, que en ese momento estaba bajo dominio Musulmán. Urbano II fue beatificado en 1881 por el papa León XIII, y su memoria litúrgica se recuerda el 29 de julio.

Nació en el año 1042, en Lagery Francia,  descendiente de familia noble y fue bautizado con el nombre de Odo. Su vida en el clero comienza orientándose por la educación eclesiástica y  empezó formando parte de la Orden Benedictina, desempeñado su primer puesto como archidiácono de Reims. Bajo la tutela de su maestro, Bruno de Colonia, ingresó en el monasterio de Cluny, llegando a ser prior del mismo. En el año 1078, el papa Gregorio VII lo nombra cardenal obispo de Ostia, para posteriormente convertirse en asistente y consejero del papa.

El 12 de marzo de 1088 se celebra un concilio en Terracina donde Odo fue elegido para sentarse en la silla de San Pedro. Desde sus inicios en el papado se destacó por ser fiel y firme defensor de los pensamientos y reformas gregorianas. Debido a la fuerte oposición por parte del emperador Enrique IV y el antipapa Clemente III, le dificultó su entrada a Roma, pero tras conseguir el apoyo de los normandos, hace su entrada por Sicilia y luego de una batalla durante tres días logra llegar a Roma, donde excomulga a Clemente III y al emperador alemán. Sin embargo, tiempo después vuelve a abandonar Roma debido a una invasión por parte de Clemente III. No es hasta 1093, donde regresa a la sede pontificia de forma definitiva.

En marzo de 1095 se concibió la idea de una alianza militar entre todos los países de la Europa Cristiana con el fin de atacar un enemigo común, este movimiento fue llamado la Primera Cruzada. Urbano proyectó la idea de recuperar Jerusalén y el resto de Tierra Santa, y lo dio a conocer en el Concilio de Clermont en noviembre del 1095. Al año siguiente partió la expedición conformada por caballeros, soldados, clérigos y campesinos, en su mayoría franceses.

Urbano se mantuvo informado de los avances de sus tropas, hasta su muerte el 29 de julio de 1099, catorce días antes de que los cruzados lograran poner fin a su propósito y llegar a Jerusalén.