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Oración a San Severino abad

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San Severino abad es un santo de la iglesia católica conocido por ser el patrón de Viena, en Austria y de Baviera en Alemania. Nació en Roma en el año 410.

Era miembro de una familia de buena posición social, noble y rica, había recibido una educación ejemplar y dominaba perfectamente el latín, sin embargo, prefería mantener en secreto estas ventajas. Se dice que poseía el don de la profecía y del consejo que el mismo Espíritu Santo le había regalado por su constante oración, su fe y su devoción.

De los años de su infancia y su juventud se conoce poco. Comenzó su obra evangelizadora en Nórico en el año 445, un par de años después de la muerte de Atila, el rey de los hunos que había devastado esas tierras. San Severino había recibido un mensaje celestial de que debía acudir en auxilio de los desventurados de esa región.

De inmediato se dispuso para la evangelización, con una actitud humilde y practicando una vida ascética, caminaba descalzo, con una túnica desgastada, dormía en el suelo, y hacía ayuno constante. Advirtió en una pequeña aldea de Nórico, de nombre Asturis, que los bárbaros iban a atacar la ciudad, aunque no fue escuchado. San Severiano se refugió en Comagenis (Tulln en la actualidad), mientras que la invasión sucedió tal cual como el santo lo había predicho.

Se dedicó treinta años a los pueblos del Nórico, sirviendo de evangelizador incansable, fundó iglesias y monasterios, y logró la conversión de un gran número de fieles. Algunos dicen que también era taumaturgo, pues existen relatos de que san Severino había realizado curaciones milagrosas. También colectaba dinero para los pobres, e incluso fue un mediador de paz en los tiempos de las invasiones bárbaras.

Cuando su muerte estaba cerca, san Severino le reveló a los monjes que luego de que el partiera de este mundo, tendrían que dejar la región, y les pidió que llevaran sus restos a Italia, tal cual como sucedió. Falleció el 9 de enero del año 482.