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San Sadoth y compañeros

San Sadoth y compañeros

La historia de San Sadoth y sus ciento veintiocho compañeros de martirio data del siglo IV de la era cristiana. Sucedió en el imperio persa, donde el rey Sapor II mantenía una persecución en contra de los cristianos, especialmente en contra de los religiosos y miembros de cargos importantes entre los católicos. San Sapor que había sido designado obispo, y 128 creyentes fueron capturados, encarcelados y torturados durante 5 meses, se les exigía rendir culto al rey y a los dioses paganos, pero ellos mantuvieron la fe hasta su muerte.

San Sadoth probablemente nació a comienzos del siglo IV, se convirtió al catolicismo en su juventud y de inmediato comenzó a trabajar al servicio de la iglesia católica en oriente, en la región de Persia. Se trababa de una doctrina que predicaba la Palabra de Dios en difíciles condiciones políticas y sociales, dado que estas tierras eran gobernadas por reyes paganos y muchos de sus habitantes practicaban estos cultos y adoraban dioses falsos.

En Seleucia- Ctesifonte, se encontraba el obispo San Simón Barsabas, quien había asistido como representante al Concilio de Nicea del año 325, y tenía como ayudante a san Sadoth en su diócesis.

Bajo el gobierno del rey Sapor II, el obispo Simón fue perseguido y martirizado, quedando a cargo de la sede Sadoth quien era diácono de la iglesia. Con valentía y fortaleza en Cristo, este religioso asumió la difícil tarea de defender a los cristianos en el reino de Persia.

La persecución ordenada por el rey Sapor II se hacía cada vez más violenta, por lo que el obispo Sadoth y otros religiosos, vírgenes consagradas y laicos tuvieron que esconderse para proseguir con su trabajo pastoral en la clandestinidad. Una noche, a Sadoth le fue revelado en un sueño que serían martirizados a consecuencia de su fe cristiana y que con esto ganarían el cielo.

Poco más tarde, fueron capturados, Sadoth y sus 128 compañeros en Seleucia. El rey Sapor II ordenó encerrarlos en mazmorras y por cinco meses los torturaron. Querían obligarlos a adorar al rey y al sol, pero ninguno dudó en la fe cristiana. Los colocaron en el potro tres veces, quebraron sus huesos, los hacían pasan hambre y sed. Ninguno rechazó a Cristo.

Percibiendo que el obispo Sadoth era el líder del grupo, lo llevaron a parta a la región de Bait-Lapat para asesinarlo primero, lo decapitaron en el año 342.