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Oración a San Pedro Bautista

San Pedro Bautista es un santo mártir de la iglesia católica, asesinado en Japón durante las persecuciones contra los misioneros en el siglo XVI. Se caracterizó por ser un hombre piadoso y bondadoso, que reformó de manera única, humilde y autóctona la forma de evangelizar de los misioneros, especialmente de los franciscanos; participó en misiones en el nuevo continente, transformó las Filipinas, y finalmente llegó a Japón, se hizo cargo de enfermos y pobres tratándolos con amor y dignidad humana.

Pedro Bautista nació en el año 1542 en San Esteban del Valle, su nombre era Pedro Blázquez. Cursó estudios en Salamanca, y a su regreso, entró a la Orden Franciscana en el convento de Arenas, donde se hizo novicio y profesó su fe en el año 1568, pasando a llamarse Pedro Bautista. Se ordenó como sacerdote y se le destinó a las misiones de predicación y formación de cristianos en las provincias. Por iniciativa propia, Pedro presentó una moción a sus superiores para embarcarse como misionero a la Nueva España en México.

En 1581 desembarcaron en el nuevo continente. Por tres años, Pedro Bautista trabajó junto con otros misioneros, escuchando los testimonios de los más desamparados, pobres, enfermos, leprosos e indios, de todos estos grupos que eran rechazados por otros, Pedro los acogió y trató con dignidad, haciendo que su misión de predicación fuese bien recibida y todo un éxito.

Más tarde, en el año 1584 fue con otro grupo de misioneros con destino a Filipinas, China y Japón. Especialmente en Filipinas, conquistó a los nativos con su sentido de amor y pertenencia, su humildad y caridad con los más necesitados. Pedro Bautista fue un religioso franciscano fundamental para la evangelización de las Filipinas.

Luego fue designado como embajador de Felipe II ante el emperador de Japón Taikosama, y llegando a estas nuevas tierras se dedicó a predicar, servir y mostrar el amor de Dios a todos los nativos, logrando muchas conversiones.  En principio, el emperador no rechazaba la misión de los franciscanos, pero las conversiones  aumentaron y pronto el gobierno se dividió entre posturas y opiniones.

Cuando iniciaron las persecuciones, Pedro Bautista y sus compañeros franciscanos, permanecieron con valentía en su labor misionera. Al poco tiempo fueron capturados, encarcelados y martirizados en Nagasaki, el 5 de febrero de 1597.