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Oración a San Patroclo de Troyes

oracion a San-Patroclo

San Patroclo de Troyes fue un religioso católico quien murió como mártir del cristianismo; siendo de la nobleza, se convirtió al cristianismo y renunció a los placeres paganos de su posición para abrazar el amor al Cristo, siendo condenado a muerte a causa de su fe cristiana, valientemente aceptó su martirio y encomendó su espíritu a Cristo. Sucedió en el siglo III.

Patroclo era natural de Troyes, una ciudad francesa en la actualidad, que en el siglo III pertenecía al imperio romano. Era un hombre piadoso que se había convertido al cristianismo, practicaba una vida de oración y ayuno, daba limosna y comida a los pobres y necesitados, era un hombre de gran caridad y apreciado entre los cristianos de la localidad. Un día sintió la necesidad de repartir sus bienes entre los pobres, las viudas y los huérfanos. Eran tiempos del emperador Aureliano.

Cuando el gobernador supo la noticia, mandó a traer a Patroclo ante su presencia, y le cuestión el por qué había tomado dicha actitud. Valientemente, Patroclo confesó su fe cristiana. Aureliano ordenó de inmediato que fuera encarcelado y torturado hasta que renunciara a su fe y rindiera culto a los dioses paganos. Soportó quemaduras de hierro a fuego vivo en su cuerpo, y luego fue encerrado por tres días en una celda sucia y oscura sin alimento, sin embargo, esto no quebró su voluntad.

Cuando fue llevado nuevamente ante Aureliano, con más fuerza proclamo su fe. Llenó de ira, el emperador ordenó que lo ejecutaran en las orillas del río Sena y lanzaran su cuerpo a las aguas. Pero Patroclo oró con todo su corazón pidiendo socorro a Dios, y en ese momento, una luz cegó a los guardias y las aguas del río hicieron paso para que Patroclo pudiera atravesarlo y escapar.

Patroclo llegó a un cerro donde estaban quemando incienso para un dios pagano, y se refugió en el bosque para orar al Dios verdadero, pero una mujer lo reconoció y lo entregó a las autoridades. Los soldados lo capturaron nuevamente e intentaron persuadirlo para que renunciase a la fe y escapara del martirio; no obstante, Patroclo profesó de nuevo su amor a Cristo, se arrodilló para orar al suelo y mirando al cielo se entregó a Jesús. Fue decapitado en el año 259, su cuerpo fue abandonado en aquel lugar, pero lo rescataron unos ancianos pobres a los que Patroclo siempre ayudaba y lo llevaron a San Eusebio quien lo sepultó.

En el año 960 las reliquias de San Patroclo fueron trasladas por el arzobispo Bruno I de Colonia, hasta la catedral de Soest en Alemania donde descansa y recibe veneración.