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Milagros de San Judas Tadeo

Milagros de San Judas Tadeo

Oracion a san juditas tadeo

En el año 1959, un hombre que conducía camino a casa en la noche, sufrió un gravísimo accidente en el que su automóvil cayó por un barranco dando vueltas y vueltas. El hombre cuenta que el vehículo comenzó a encenderse en llamas pero pudo salir ileso del accidente, cuenta también que el motivo del accidente fue porque queria acomodar un objeto que permanecía en el asiento del copiloto.

El que luego de una curva muy cerrada cayó al piso del vehículo; el hombre quiso acomodarlo pero tuvo que quitar la mirada del camino, cuando volvió a ver su destino se dio cuenta de que no era el carril correcto por el que transitaba y trató de devolverse al que le corresponde, entre la velocidad y las curvas del trayecto perdió el control del vehículo y sufrió tal accidente.

El testimonio más curioso fue que unos pobladores cercanos la ayudaron a salir del automóvil y sorprendidos por el hombre que salió intacto del accidente vieron en su pecho la medalla de San Judas que colgaba muy cerca de su cuello. Este es uno de los testimonios de los tantísimos Milagros de San Judas Tadeo.

Otro increíble testimonio fue en el año 1973, una mujer con problemas crónicos en los riñones, recibió la noticia de que debía someterse a una operación urgente.

Ella estaba resignada a hacerla desde ya hacía mucho tiempo, incluso ya le había comentado a varias amistades que hicieran la prueba a ver si alguno podía ser su donante

En su visita al médico, éste le pautó fecha para la operación segura, ya tenía su donante, y era posible que no sobreviviese a su operación.

Ella siempre había sido devota de San Judas, y con su problema en el riñón izquierdo se había vuelto mucho más, ahora llevaba consigo siempre su medalla de San Judas.

Sólo faltaban dos consultas más, y la mujer de apenas 34 años, ya había buscado a la persona que iba a quedarse con sus pertenencias si ella legase a fallecer, dejó a sus mascotas con sus padres y con la frente en alto fue a su última consulta.

Y con medalla de San Judas en pecho, entró al consultorio para hacer el último exámen de rutina antes de su operación.

El doctor sorprendido no pudo pronunciar otra frase que no fuese ¡Ya no está!, ¡el mal ya no está!, lo repetía una y otra vez sorprendido.

La amiga donante estaba con la cara pálida y llena de asombro, ambos no sabían cómo había desaparecido aquella mancha negra que rodeaba el interior de su riñón, la mujer sonriente y sana sonreía y lagrimeaba pensando en que fue uno de los Milagros de San Judas Tadeo.

Hoy en día la mujer vive una vida serena y tranquila, y ha hecho varias conferencias acerca de su testimonio y la fe.

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