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Oración a San Juan Calibita

Oracion a san-Juan-Calibita

San Juan Calibita, un santo católico con el apodo de “calibita” que significa “el que vive en una choza (kalyba)” representa la historia de la fe cristiana interviniendo en su máxima expresión para la conversión de al evangelio, y la entrega total de la vida a los servicios y propósitos del Señor.

Vivió en la primera mitad del siglo V en Constantinopla. Fue un mendigo en las calles de su ciudad natal, en las puertas de su propia casa, y luego en una pequeña choza construida en este lugar, en donde se dedicó a la oración y contemplación del Evangelio. Poco antes de fallecer, reveló su identidad a sus progenitores, mostrándoles un Evangelio con adornos de oro que ellos mismos le habían obsequiado.

San Juan Calibita era hijo de Eutropio, un senador y general romano, respetado y reconocido, y de Teodora, miembro de las familias más importantes dentro de la aristocracia bizantina. Los dos primeros hijos de este matrimonio ya ocupaban puestos políticos importantes. No obstante, no fue el caso con el menor, Juan. Era un joven inteligente, ingenioso, y con un espíritu de bondad, servicio y piedad que incansablemente latía en su corazón. Cursó estudios de retórica, en donde conoció a un monje acemeta que venía de Jerusalén, y de inmediato quiso entregarse a la vida religiosa.

Juan había manifestado a sus padres su deseo de tener un evangelio, y éstos, desconociendo el por qué, le regalaron un Evangelio cubierto de oro y piedras preciosas. En cuanto pudo, Juan escapó con el monje al monasterio de los acemetas, situado a orillas del Bósforo en Ireno, donde Juan fue acogido cariñosamente. Permaneció 6 años en el monasterio, tomando los hábitos, orando, haciendo penitencia y estudiando el evangelio; fue entonces cuando, inspirado por intención divina, Juan decidió cambiar sus hábitos por los de un mendigo, regreso a su casa sin decir nada, y se situó como pordiosero a las puertas de la casa familiar.

Su madre sin reconocerlo, mostraba desprecio hacia el pordiosero, mientras que su padre era un poco más caritativo. El mayordomo de la casa le mandó a construir una pequeña choza donde Juan vivió por tres años. Tres días antes de su muerte, reveló su identidad a sus padres, mostrando como prueba el Evangelio de oro que le habían regalado.

Desde ese momento, los padres transformaron la casa en un hogar para albergar peregrinos, y en la choza construyeron una pequeña iglesia.