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Oración a San Gregorio obispo de Langrés

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San Gregorio obispo de Langrés nació en la segunda mitad del siglo V en la ciudad de Autun, de la región de Borgoña, Francia. Era miembro de una familia senatorial romana de influyente posición social. Desde joven, su matrimonio con una noble romana llamada Amentaria se había arreglado; de esta unión nacieron varios hijos, conocidas figuras religiosas, como San Tetric y una hija llamada igual que su madre que daría a luz a  San Gregorio de Tours, quien años más tarde se convertiría en obispo e historiador.

Fue educado para la política y las leyes, aproximadamente durante 40 años, ejerció el cargo de gobernador de Autun, actuando con justicia y en busca de la prosperidad de la ciudad. Sin embargo, a la muerte de su esposa, solo encontró consuelo en el servicio a Jesucristo y se retiró a un monasterio  para llevar una vida de soledad en el retiro como monje.

No obstante, las insistencias porque regresase y tomase posesión el cargo de Obispo de Langrés fueron tales que acabo por aceptar en el año 506. La historia cuenta que el día que lo consagraban como obispo, trajeron ante él una mujer que estaba poseída por un demonio, y que con la cruz de su báculo San Gregorio la libró de aquel mal. Así se regó la fama del poder milagroso de la Santa Cruz del báculo de San Gregorio.

Como obispo dio ejemplo de lo que es el deber y la fe cristiana, llevaba una vida de penitencia y de oración profunda. Se cuenta también que en un momento de meditación del San Gregorio se le presentó San Benigno apóstol de Borgoña, quien le pidió que restaurase su sepulcro. El obispo, movido por la fe de su visión, restauro el sepulcro de Benigno, a quien desconocía como santo, construyendo una basílica y fundando el culto a San Benigno.

San Gregorio falleció en Langrés en el año 539 con 80 años de edad. Su cuerpo se enterró en Dijón en el santuario que había construido para San Benigno.