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Oración a San Eutropio

San Eutropio de Saintes fue un religioso de la iglesia católica quien desempeñó un importante trabajo cristiano en la región de Galia, llegando a ser el primer obispo de Saintes, predicando incansablemente por la conversión de los cristianos, pero recibiendo el martirio a causa del testimonio de su fe en Cristo. Las fechas exactas de su vida son imprecisas, algunos lo ubican en el siglo I, mientras que para otros historiadores vivió durante el siglo III.

Al parecer Eutropio era descendiente de una familia de la realeza romana, quien se había convertido al cristianismo, llegando a ser sacerdote y posteriormente sería enviado a la región de Galias, para trabajar en la evangelización del pueblo por el papa Clemente (esta, información lo sitúa en el siglo I, pues Clemente era el sucesor de san Pedro; quienes lo ubican en el siglo III hablan de que fue enviado por el papa Fabián).

Así, Saintes tuvo como su primer obispo a San Eutropio. Cuando este llegó a la ciudad, se sintió maravillado por aquel pequeño valle en medio de colinas que parecía una pequeña Roma, y se propuso ganarla para Dios. Se dedicó a predicar con esmero la palabra Sata en las calles, plazas y demás lugares públicos, estas eran enseñanzas nunca antes oídas por los nativos, quienes lo rechazaron, y con insultos y golpes lo sacaron fuera de la ciudad.

San Eutropio tuvo que vivir como ermitaño en un pequeño refugio de madera que se construyó próximo a la ciudad, sin dejar su predicación. De día trabajaba por la conversión y arrepentimiento de los paganos, de noche se dedicaba a la oración y a la meditación, y por la intercesión de Dios en sus propósitos. Con su palabra firme y verdadera logró la conversión y el bautismo de muchos nativos, entre ellos la hija del gobernador llamada Eustela.

Su padre al enterarse de su fe cristiana, la echó de la ciudad y esta fue a morar cerca del refugio de san Eutropio. Tiempo después, su padre mandó a llamarla, no obstante ella prefería vivir fuera de la ciudad por la fe a Cristo, que dentro de ella perdida en el culto de ídolos paganos. Esto enfureció al gobernador quien ordenó matar san Eutropio y llevarle a su hija.

Una turba de paganos de la ciudad se reunió delante del refugio del santo, lo apedrearon, azotaron y desnudaron para luego decapitarlo. Su cuerpo fue rescatado y sepultado por cristianos. San Eustela también fue martirizada y su cuerpo se enterró junto al de Eutropio.