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Oración a San Efrén de Siria

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Oración a San Efrén de Siria
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San Efrén de Siria es el único escritor eclesiástico y diácono, reconocido por el catolicismo como “Doctor de la Iglesia” de dicha nacionalidad. Desde un punto de vista más afectivo, San Efrén de Siria es conocido también como “el arpa del Espíritu Santo”, por utilizar la música como otro medio para honrar a Dios y para la oración, llamando así a muchos paganos a la conversión al cristianismo.

Su fiesta se celebra cada 9 de junio. Haciendo honor a su nombre, que significa “el que da fruto”, se convirtió en un gran maestro de la fe católica, fue un conocido orador, comentarista y poeta. En el año de 1920, alcanzó el título de Doctor de la Iglesia Universal; con sus himnos y homilías San Efrén hacía una experiencia enriquecedora y gratificante el conocer la palabra de Dios. Se dedicó durante su vida a profundizar sus conocimientos sobre las Sagradas Escrituras y en los grandes misterios de la fe.

Nacido en la región de Nísibis (Turquía) en el año 306, se bautizó a los 18 años y comenzó una vida religiosa al lado del obispo de la región, San Jacobo. Su trabajo en la fe católico resalta por el arte de hacer de las oraciones poesías. En aquella época, los paganos utilizaban la música como medio para difundir creencias falsas, así que Efrén se propuso utilizar estos medios para desarrollar cánticos sagrados que complementaran el culto público, escribió muchos cantos, y los presentó en las iglesias, acciones las cuales lo llevaron a ser llamado “el arpa del Espíritu Santo”.

Entre sus cualidades resalta también la gran humildad y amor al servicio que tenía, uno de los ejemplos es su actuación en los acontecimientos que ocurrieron durante la gran hambruna que se desató en la región entre los años 372 y 373, San Efrén, conmovido por la situación y el sufrimiento de los pobres, se ofreció como administrador justo de los bienes de los ricos para compartirlos con los necesitados.

San Efrén de Siria es un importante personaje del catolicismo, tanto por sus virtudes humanas y religiosas como por su trabajo y dedicación al servicio de la fe.

Oración de cuaresma de San Efrén de Siria

Señor y Maestro de vida, no me abandones al espíritu de pereza, de desánimo, de dominación y de vana charlatanería.

Antes bien, hazme la gracia, a mi tu siervo, del espíritu de castidad, de humildad, de paciencia y de caridad.
Sí, Señor-Rey, concédeme el ver mis faltas y no condenar a mi hermano.

¡Oh, Tú, que eres bendito por los siglos de los siglos.

Amén.

Oración de San Efrén de Siria a nuestra madre Maria

Madre de Dios, llena de gracia, tú eres la gloria de nuestra naturaleza, el canal de todos los bienes, la reina de todas las cosas después de la Trinidad…, la mediadora del mundo después del Mediador.

Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, la llave que nos abre las puertas del paraíso, nuestra abogada, nuestra mediadora.

Mira mi fe, mira mis piadosos anhelos y acuérdate de tu misericordia y de tu poder.

Madre de Aquel que es el único misericordioso y bueno, acoge mi alma en mi miseria y, por tu mediación, hazla digna de estar un día a la diestra de tu único Hijo.

Amén

Oración de San Efrén de Siria para antes de dormir

Rey celestial, consolador, Espíritu de Verdad, ten misericordia y piedad de mí, tu siervo pecador e indigno.

Perdóname todas las faltas cometidas este día como hombre y no solamente como hombre sino además peor que una bestia.

Perdóname mis pecados voluntarios e involuntarios, cometidos con conciencia o por ignorancia.

Perdona los pecados de mi juventud, los cometidos a causa de falsa doctrina, los que son fruto del temor y de la desesperación.

Si en vano he invocado tu nombre, si en mi pensamiento lo he blasfemado, si he reprochado a alguien, si en mi ira he injuriado, si a alguien he contrariado y me he encolerizado o si he mentido o me he entregado a la pereza.

Si he rechazado al pobre cuando a mí recurría, si he causado pena a mi prójimo, si he juzgado a alguien.

Y si me he envanecido o me he enorgullecido, si la ira me ha dominado y si durante la oración mi mente se inclinaba a las malicias de este mundo.

Así también, si mi imaginación se ha complacido en pensamientos impuros.

Como si me he entregado a la gula o a la embriaguez. Si me he reído en exceso o pensado mal.

Si he codiciado lo ageno o he pronunciado malas palabras o me he burlado de las faltas de mi prójimo, cuando las mías son innumerables.

O si he descuidado la oración. Si he cometido cualquier otro pecado que aún no me acuerdo.

Todo esto y aún más he hecho y lo confieso.

Creador mío y Señor mío, ten piedad de mí tu indigno y humilde siervo y remite, perdona y absuelve mis pecados porque eres bueno y amas al hombre.

A fin de que yo impuro pecador pueda descansar y gozar de un sueño tranquilo.

Y adoraré, alabaré y glorificaré tu honorísimo nombre, con el Padre y su Hijo Unigénito, ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amén

Muestra de las obras de San Efrén

Títulos de la Vírgen Santísima

Fue un gran amante de la Virgen María y en sus escritos vemos la profunda veneración que ya se le tenía en el siglo IV. San Efrén compuso, ya en el año 333, una lista en verso de los más bellos títulos que los cristianos otorgaban a la Stma. Virgen:
“Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios.
Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno.
Haz que nuestra alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo.
Amén!!”

Sobre el aposento donde tuvo lugar la Ultima Cena

¡Oh tú, lugar bendito, estrecho aposento en el que cupo el mundo!  Lo que tú contuviste, no obstante estar cercado por límites estrechos, llegó a colmar el universo.  ¡Bendito sea el mísero lugar en que con mano santa el pan fue roto!  ¡Dentro de ti, las uvas que maduraron en la viña de María, fueron exprimidas en el cáliz de la salvación!
¡Oh, lugar santo!  Ningún hombre ha visto ni verá jamás las cosas que tú viste.  En ti, el Señor se hizo verdadero altar, sacerdote, pan y cáliz de salvación.  Sólo El bastaba para todo y, sin embargo, nadie era bastante para El.  El Altar y cordero fue, víctima y sacrificador, sacerdote y alimento . . .

Descripción de Jesucristo siendo azotado

Tras el vehemente vocerío contra Pilatos, el Todopoderoso fue azotado como el más vil de los criminales.  ¡Qué gran conmoción y cuanto horror hubo a la vista del tormento!
Los cielos y la tierra enmudecieron de asombro al contemplar Su cuerpo surcado por el látigo de fuego, ¡El mismo desgarrado por los azotes!  Al contemplarlo a El, que había tendido sobre la tierra el velo de los cielos, que había afirmado el fundamento de los montes, que había levantado a la tierra fuera de las aguas, que lanzaba desde las nubes el rayo cegador y fulminante, al contemplarlo ahora golpeado por infames verdugos, con las manos atadas a un pilar de piedra que Su palabra había creado.
¡Y ellos, todavía, desgarraban sus miembros y le ultrajaban con burlas!  ¡Un hombre, al que El había formado, levantaba el látigo!  ¡El, que sustenta a todas las criaturas con su poder, sometió su espalda a los azotes; El, que es el brazo derecho del Padre, consintió en extender sus brazos en torno al pilar.
El pilar de ignominia fue abrazado por El, que sostiene los cielos y la tierra con todo su esplendor.  Los perros salvajes ladraron al Señor que con su trueno sacude las montañas y mostraron los agudos dientes al Hijo de la Gloria.

El  “Testamento de San Efrén”

Este documento nos revela el carácter del santo escritor.  A pesar de que, posiblemente, haya sufrido alteraciones y agregados en fechas posteriores, no hay duda de que en gran parte, como afirma Rubens Duval, considerado como una autoridad en la materia, es auténtico, sobre todo los pasajes que reproducimos aquí.  San Efrén hace un llamado a sus amigos y discípulos, en tono emocionado y de profunda humildad:
 No me embalsaméis con aromáticas especies, porque no son honras para mí.  Tampoco uséis incienso ni perfumes; el honor no me corresponde a mí.  Quemad el incienso ante el altar santo: A mí, dadme sólo el murmullo de las preces. Dad vuestro incienso a Dios, y a mí cantadme himnos.
En vez de perfumes y de especias, dadme un recuerdo en vuestras oraciones . . .  Mi fin ha sido decretado y no puedo quedarme. Dadme provisiones para mi larga jornada: vuestras plegarias, vuestros salmos y sacrificios. Contad hasta completar los treinta días y entonces, hermanos haced recuerdo de mí, ya que, en verdad, no hay más auxilio para el muerto sino el de los sacrificios que le ofrecen los vivos.