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Oración a San Ambrosio

Oración a San Ambrosio
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San Ambrosio fue un conocido representante de la Iglesia occidental, que vivió en la antigüedad. Su nombre quiere decir “inmortal”.

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Con tan solo 30 años recibió la enorme responsabilidad del cargo de gobernador de Italia, residiendo en Milán, y seguidamente fue nombrado Obispo de dicha ciudad por petición del pueblo.

Sin embargo, San Ambrosio se rehusó a aceptar ese puesto ya que él no era sacerdote, pero por órdenes del Emperador, el santo terminó por aceptar dicho cargo, así que como parte de sus nuevas funciones comenzó a instruirse durante muchas horas y días enteros acerca de la palabra del Señor contenida en las Sagradas escrituras, y logró comprenderla a la perfección.

San Ambrosio es el autor de numerosos cantos hermosos de oración que enseñaba al pueblo y también escribió libros que explicaban las Sagradas Escrituras, además daba consejos para avanzar en el camino del encuentro con la vida santa para alcanzar la gracia de Dios. San Ambrosio gozaba del don de la diplomacia, los jefes de alto gobierno lo designaron en varias oportunidades como embajador y mediador de tratados de paz ante los conflictos.

Este santo llevo a cabo una gran labor como pastor de la iglesia. Atendía la eucaristía diariamente,  reservaba tiempo para su oración personal, y preparaba a los catecúmenos para recibir el bautismo. San Ambrosio se dedicó a la predicación diaria y con sus sermones e interpretaciones sirvió de guía para otros santos como San Agustín.

Era un hombre con un gran sentido religioso, dispuesto al servicio de quienes eran encarcelados, de los pobres y de los penitentes, solicitaba indultos para quienes eran condenados a muerte.

San Ambrosio escribió múltiples textos pastorales y espirituales. Falleció un 4 de abril, viernes santo, del año 397.

Oración a San Ambrosio para pedir ayuda

Señor mío jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia.

Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua.

Por eso, señor de bondad y de poder, con miserias y temores me acerco a ti, fuente de misericordia y de perdón; Vengo a refugiarme en ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues como juez a pedirme cuentas.

Señor no me da vergüenza descubrirte a ti mis llagas.

Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo tú conoces; Pero confío en tu infinita misericordia.

Señor mío jesucristo, rey eterno, Dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros.

Escúchame, pues espero en ti.

Ten compasión de mis pecados y miserias, tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, señor, porque diste tu vida en la cruz y te ofreciste en ella como redentor por todos los hombres y especialmente por mí.

Adoro señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados.

Mira, señor, a este pobre pecador, creado y redimido por ti.

Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias.

Purifícame de todas mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión.

Que tu cuerpo y tu sangre me ayuden, señor, a obtener de ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; Me libren de mis malos pensamientos, renueven en mí los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo.

Amén.

Hacer la petición y rezar el credo,

Padrenuestro, avemaría y gloria.

Oración a San Ambrosio para prepararnos a comulgar

Señor mío jesucristo, yo pecador indigno, confiando en tu misericordia y bondad, vengo a tomar parte de este banquete santísimo del  altar. Reconozco que tanto  mi corazón  como mi mente están manchados con muchos pecados y que mi cuerpo y mi lengua no han sido guardados cuidadosamente.

Por lo cual ¡oh dios adorable! Yo  miserable, en medio de tantas angustias y peligros, recurro a ti  que eres fuente de misericordia, y ya me es imposible excusarme ante tu mirada de juez irritado, deseo vivamente obtener tu perdón ya que eres  mi redentor y salvador.

A ti, señor, presento mis debilidades y pecados para que me perdones . Reconozco que te he ofendido frecuentemente, por eso me humillo y me arrepiento y espero en tu misericordia infinita,. Olvida mis culpas y no me castigues como merecen mis pecados. Perdóname tú que eres la misma bondad.

Amén.

Oración a San Ambrosio para cada día de la semana

Oración a San Ambrosio para el domingo

Sumo sacerdote y pontífice verdadero, jesucristo, que te ofreciste al padre como hostia pura e inmaculada en el altar de la cruz por nosotros miserables pecadores, y que nos diste tu carne como alimento y tu sangre como bebida, y que pusiste este misterio bajo el poder del espíritu santo diciendo: “cuantas veces hagáis esto, hacedlo en memoria mía”: te ruego, por tu misma sangre, precio magno de nuestra salvación, te ruego, por esta admirable e inefable caridad, que a nosotros miserables e indignos, a quienes te has dignado amar, laves nuestros pecados en tu sangre.

Enséñame, te suplico, por tu espíritu santo, a tratar este misterio con el honor y reverencia, la devoción y temor que se requiere y conviene. Haz que por tu gracia, en este santo misterio, siempre crea y confiese, sienta y afirme, diga y piense, lo que a ti te agrada y a mi alma aprovecha.

Entre tu buen espíritu a mi corazón, que suena sin emitir sonido, y sin estrépito de palabras comunica toda verdad. Por tu gran misericordia y clemencia concédeme celebrar [si fuere laico, o ministro, decir: asistir a] esta misa con mente limpia y corazón puro.

Libra mi alma de todos pensamiento vano y nocivo, inmundo y nefando. Envíame la custodia fiel y piadosa y la fortísima protección de tus santos ángeles, para que se alejen confundidos los enemigos de todo bien. Por la fuerza de tan grande misterio y por mano de tus santos ángeles, aparta de mí y de tus siervos el durísimo espíritu de soberbia y cenodoxia, envidia y blasfemia, fornicación e inmundicia, duda y difidencia. Confundidos sean quienes nos persiguen, perezcan aquellos que se apresuran a perdernos.

Oración a San Ambrosio para el lunes

Rey de las vírgenes, y amante de la castidad y la integridad, extingue en mi cuerpo, con la bendición del rocío celestial, el incendio de la libidinez, para que permanezca en mí la pureza de cuerpo y alma.

Apaga en mis miembros los estímulos de la carne y las conmociones libidinosas, y dame la verdadera y perpetua castidad, junto con tus otros dones que te complacen en la verdad: para que sea digno de participar en este sacrificio de alabanza con un cuerpo casto y un corazón limpio.

¡Con cuanta contrición de corazón y ríos de lágrimas, con cuánta reverencia y temor, con cuánta castidad de cuerpo y pureza de alma, debe celebrarse este divino y celeste sacrificio, donde tu carne verdaderamente se come y tu sangre verdaderamente se bebe, donde la bajeza y la alteza, y lo terreno y lo divino se unen, donde los santos ángeles están presentes, donde tú admirable e inefablemente eres sacerdote de tu mismo sacrificio!

Oración a San Ambrosio para el martes

¿quién podría dignamente celebrar [si fuere laico, o ministro, decir: asistir a] este sacrificio, si tú, señor dios omnipotente, no lo hicieras digno? Sé, señor, y verdaderamente lo sé, y lo confieso ante tu misericordia, que no soy digno de acercarme a tan grande misterio, porque son muchos mis pecados e incontables mis negligencias.

Pero sé, y creo verdaderamente con todo mi corazón, y lo confieso con mis labios, que tú puedes hacerme digno, ya que puedes hacer limpio lo que fue concebido de inmunda simiente, y hacer de los pecadores justos y santos.

Por este tu admirable poder, te ruego, dios mío, que me concedas a mí pecador, celebrar [si fuere laico, o ministro, decir: asistir a] este sacrificio con temor y temblor, con pureza de corazón y manantiales de lágrimas, con alegría espiritual y gozo del cielo. Haz que mi mente sienta la dulzura de tu beatísima presencia, y que el coro de tus santos ángeles permanezca a mi alrededor.

Oración a San Ambrosio para el miércoles

Oh señor, trayendo a mi memoria tu sagrada pasión, me acerco, aunque pecador, a tu altar, y quiero ofrecerte el sacrificio que tú instituiste, y que mandaste que fuera ofrecido, en tu recuerdo, para nuestra salvación. Te pido, altísimo dios, que lo recibas, por tu iglesia santa y por el pueblo que rescataste con tu sangre.

[el sacerdote dice: y puesto que tú has querido que yo, pecador, esté en el medio entre ti y tu pueblo, aunque no encuentres en mí evidencia de buenas obras, al menos no rechaces el servicio del ministerio que me has dado; ni por mi indignidad se pierda en ellos el precio de su salvación, cuya víctima salvadora y redención te dignaste ser].

También te ofrezco, dios mío, si benigno te dignas considerarlos, las tribulaciones de los pueblos, los peligros de las naciones, los gemidos de los cautivos, las miserias de los huérfanos, las necesidades de los peregrinos, la inopia de los débiles, los dolores de los enfermos, las molestias de los ancianos, los anhelos de los jóvenes, los votos de las vírgenes y los lamentos de las viudas.

Oración a San Ambrosio para el jueves

Tú, señor, eres compasivo y nunca desprecias nada de lo que creaste. Acuérdate de qué sustancia fuimos hechos, que tú eres nuestro padre, que tú eres nuestro dios, no te enojes con nosotros para siempre, ni retraigas tu misericordia de nosotros.

Porque no es por nuestra justificación que nos postramos suplicantes ante tu presencia, sino por tu gran compasión. Aparta de nosotros nuestras iniquidades, y graciosamente enciende en nosotros el fuego de tu espíritu santo.

Aparta de nuestra carne el corazón lapídeo y danos un corazón de carne, que te ame, que te prefiera, que tenga en ti su delectación, que te siga y se goce en ti.

Te rogamos, señor, por tus clemencias, que te dignes volver propicio tu rostro sobre tu familia, expectante en servir a tu santo nombre, y para que no sean írritos sus votos, ni vacías sus peticiones, sugiérenos las preces que tú dilectamente escucharás y atenderás propicio.

Oración a San Ambrosio para el viernes

Rogámoste también, señor, padre santo, por las almas de todos los fieles difuntos, para que este magno sacramento de piedad sea para ellos motivo de salvación, salud, gozo y refrigerio.

Señor y dios mío, que sea hoy el magno y pleno alimento de ti, el pan vivo, que descendiste del cielo y das vida del mundo, de tu carne santa y bendita, ¡oh cordero inmaculado, que quitas el pecado del mundo!, que fue tomada del vientre santo y glorioso de la bienaventurada virgen maría y concebido por el espíritu santo; de cuyo sacratísimo costado, abierto por la lanza del soldado, brotó una fuente de piedad: para que, alimentadas y saciadas, refrigeradas y consoladas, se regocijen en la alabanza de tu gloria.

Pido, señor, a tu clemencia, que la plenitud de tu bendición y la santificación de tu divinidad decienda sobre este pan que será sacrificado en tu honor. Descienda también, señor, la invisible e incomprensible majestad de tu santo espíritu, como descendía sobre los sacrificios de nuestros padres, para que nuestra oblación se convierta en tu cuerpo y sangre; y a mí, indigno sacerdote [si fuere laico, o ministro, decir: a nosotros, siervos indignos], enséñame a tratar este misterio con corazón limpio y lágrimas devotas, con reverencia y temor, y así recibas [el sacerdote dice: de mis manos] con beneplácito el sacrificio que se ofrece por la salvación de todos, tanto los vivos como los difuntos.

Oración a San Ambrosio para el sábado

Te ruego, señor, por el sacrosanto misterio de tu cuerpo y de tu sangre, que sea yo diariamente apacentado y alimentado, purificado y santificado en tu iglesia, y así ser hecho digno partícipe de la una y suma divinidad. Dame tus santas virtudes con las que, colmada mi alma, me acerque con buena conciencia a tu altar, y así este sacramento celestial sea para mí salud y vida.

Tus labios santos y benditos dijeron: “el pan que yo os daré es mi carne, para la vida del mundo. Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre”.

Pan dulcísimo, ablanda la dureza de mi corazón para que sienta la suavidad de tu amor. Sánalo de toda enfermedad, y que no busque otra dulzura fuera de ti. Pan candidísimo, que tiene en sí todo deleite y todo sabor, que siempre nos sacia y nunca defrauda: quiero que mi corazón te reciba y todo mi ser se llene de tu dulce sabor.

El ángel te recibe plenamente, recíbate el hombre peregrino con esa medida, para que fortalecido por tal viático, no desfallezca en el camino.

Pan santo, pan vivo, pan inmaculado, que descendiste del cielo y das vida al mundo, ven a mi corazón, y límpialo de toda mancha de la carne y del espíritu. Entra en mi alma, sana y purifícame exterior e interiormente. Sé mi protección y la contínua salud de mi alma y de mi cuerpo.

Repele las insidias de mis enemigos, que huyan ante la presencia de tu poder, para que protegido por ti por dentro y por fuera llegue hasta ti por un camino recto, donde, no en enigma como en el tiempo presente, sino cara a cara, te contemplemos, cuando entregues el reino a dios padre, y seas, oh dios, todo en todos.

Sáciame siempre de ti con admirable abundancia, para que no desfallezca de hambre ni sed eternamente. Tú, que con el mismo dios padre y el espíritu santo vives y reinas por los todos los siglos de los siglos. Amén.

Oración a San Ambrosio para antes de la santa misa

Señor mío jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia.

Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua. Por eso, señor de bondad y de poder,
con mis miserias y temores me acerco a ti, fuente de misericordia y de perdón; vengo a refugiarme en ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues como juez a pedirme cuentas.

Señor no me da vergüenza descubrirte a ti mis llagas. Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo tú conoces; pero confío en tu infinita misericordia.

Señor mío jesucristo, rey eterno, dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchame, pues espero en ti. Ten compasión de mis pecados y miserias, tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, señor, porque diste tu vida en la cruz y te ofreciste en ella como redentor por todos los hombres y especialmente por mi. Adoro señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados.

Mira, señor, a este pobre pecador, creado y redimido por ti. Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias. Purifícame de todos mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión.

Que tu cuerpo y tu sangre me ayuden, señor, a obtener de ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; me libren de mis malos pensamientos, renueven en mi los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo.