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Oración a San Amaro Abad

La tradición católica nos cuenta que San Amaro, Amarus el peregrino, fue un abad y marinero quien realizó una mítica y fantástica travesía a través del Océano a Atlántico para llegar al paraíso terrenal. Probablemente vivió en el siglo XII o XIII.

San Amaro era un hombre piadoso que vivía en la región de Asia, desde que se había hecho religioso, pensaba constantemente en el deseo de encontrar el Paraíso Terrenal, de modo que a todas las personas que recibía, les preguntaba si sabían cómo llegar. Nunca obtuvo una respuesta certera, hasta que en una noche, Dios se le apareció y le mostró cómo debería ser su camino; le ordenó construir una barca y navegar siguiendo el Sol a través del Océano.

Emocionado y deseoso de cumplir su sueño, Amaro comenzó su travesía. Navegó por siete días para llegar a la Tierra Desierta, un país donde vivían hombres horribles y mujeres hermosas, pero aquella era una tierra maldita por Dios. Luego de unos meses partió navegando por el mar Rojo y llegó a Fuente Clara, una región de gente hermosa y de vida feliz y longeva, sin embargo no se quedó para no acostumbrarse a la vida placentera.

Siguió mucho tiempo sin rumbo, hasta llegar al Mar Cuajado, donde casi es atrapados por monstruos que llevaban las almas a la profundidad, y de lo cual logro escapar con la ayuda de unas doncellas. En Isla Desierta llegó a una tierra donde habitaban fieras y bestias salvajes, por lo que continuó su camino, llegando finalmente a un hermoso monasterio llamado Valdeflores, donde un monje de nombre Leónides los esperaba pues había recibido noticias de su llegada. Este monje le dio las instrucciones de cómo llegar al paraíso.

Luego de un viaje que parecía imposible, san Amaro llegó al Paraíso Terrenal donde recibió un hábito blanco de las manos de una virgen. En el paraíso encontró un castillo hecho de piedras preciosas, y al entrar contempló el árbol del que comió Adán, verdes praderas de primavera, árboles que tocaban el cielo, jóvenes alegres y doncellas adornadas con hermosos vestidos, vio también a la virgen María; y en esta breve visión transcurrieron 300 años.

Cuando Amaro regresó al puerto donde había dejado a sus compañeros, se encontró con la sorpresa de que la ciudad estaba totalmente cambiada, verdaderamente el tiempo había transcurrido. Contó su historia en el monasterio de Valdeflores, lo reconocieron y lo alojaron hasta su muerte.