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Oración a Santa María Rivier

Santa María Rivier

La beata María Ana Rivier fue una religiosa y virgen católica, que vivió durante el siglo XIX, su fe tuvo que resistir las crueles restricciones de la revolución francesa que prohibió el libre culto y las organizaciones religiosas; pesa a ello la beata María Ana instituyó la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María, como una institución para educar al pueblo cristiano en la fe.

Su nombre era Mariette Rivier, nació el 19 de diciembre del año 1768 en la ciudad de Montpezat de Francia. En su infancia tuvo un accidente que la dejó postrada durante muchos años; su madre, quien era una mujer muy devota, le ruega a Nuestra Señora, que sane a su hija, y van juntas a una capilla cerca de la casa en donde Mariette contempla la imagen de maría quien sostiene a Jesús en brazos, después de la crucifixión. Esta imagen tocaría para siempre el corazón de Mariette.

Su madre era una mujer devota de la Virgen María, todos los días llevaba a la pequeña María a la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad en la Capilla de los Penitentes, y le contaba la historia de la Virgen María y de Jesús. Pronto, la pequeña María supo que con fe, la Virgen podía curarla. El día 8 de septiembre de 1774, durante el funeral de su padre y también día de la Natividad de la Virgen María, la joven Marinette pide las muletas, y para asombro de todos, consigue levantarse y andar con ellas, exclamando así que este es un milagro de la Virgen.

Tuvo otro accidente en 1777, donde luego de una caída y una fractura permaneció en cama, hasta que la intervención milagrosa de Nuestra Señora logró sanarla. Aprendió con su madre a escribir y leer, y también estudió con las religiosas de Nuestra Señora en Pradelles. Con 17 años, María supo que quería ser religiosa y solicita su ingreso a la comunidad de las hermanas locales donde inicialmente fue rechazada por su salud debilitada, pero luego de mucha insistencia, el párroco le concede la admisión en una escuela de las religiosas dominicanas en 1786.

No obstante, al inicio de la revolución francesa, las restricciones contra los cristianos aparecieron y amenazaban con crueles castigos. Mariette tiene que recurrir a la clandestinidad para sus reuniones y para sus actos de caridad. En 1794, cuatro jóvenes más se unen a su causa, consagrándose a Dios e iniciando así una pequeña comunidad de educación cristiana a jóvenes y adultos, especialmente a los pobres.

El 21 de noviembre del año 1814, se crea el primer orfanato. La hermana María además trabajaba en conjunto con los párrocos para exhortar a los jóvenes fieles sobre  la piedad, la caridad y la misión cristiana. Trabajó incansablemente por el servicio cristiano, hasta su muerte el 3 de febrero del año 1838, con el legado de una congregación establecida y dispersa por el mundo.

El 3 de febrero de 1838, la hermana María Rivier con 69 años de edad, parte al Cielo.
El Papa Pío IX le concedió el título de «mujer apóstol». Fue beatificada el 23 de mayo de 1982 por el Papa Juan Pablo II y Canonizada por el Papa Francisco el 15 de Mayo de 2022.

Oración a Santa María Rivier

Venerada y gloriosa Santa, tú que por gracia de Dios y fidelidad a su nombre, sufriste santamente en la tierra y habiendo demostrado mediante la caridad el verdadero amor por tus hermanos y el poder de Dios sobre toda la creación, te suplicamos para que hoy vengas a nuestro presencia en la tierra, donde la desgracia, el desamor, el odio y la pérdida de los valores sagrados, amenazan con verdadera preocupación la fe, la tranquilidad, el amor y el cumplimiento que a la ley divina que le debemos por mandato de nuestro Dios y Creador.
Inunda de amor el odio de tantos corazones y por el poder que hoy tienes en el cielo, entrega sobre las manos del Padre cada palabra de esta oración.

A ti mensajera del amor y del bien te rogamos para que acojas las necesidades y súplicas de todo aquel que a traves de esta oración, muestre fidelidad y reverencia a nuestro Dios y Señor; trae paz al mundo, alivio a los enfermos, sabiduría a nuestros gobernantes y santidad a todos los devotos que como tú, buscamos la unión con nuestro Dios mediante las obras de amor que él quiere que en su nombre.

Trae con tu poder y gloria, el alivio a tantos problemas que por causa de la rebeldía y la desobediencia, han llevado al hombre al pecado, al rechazo de lo sagrado y al alejamiento constante de los bienes que en la tierra y en el cielo nos han sido prometidos.

Bendita, venerable y obediente Santa, guarda en tu corazón cada palabra de esta oración y las intenciones que diariamente los fieles elevan al cielo, para que el Padre en su bondad y poder infinitos se apiade y haga en cada uno de nosotros su santa y eterna voluntad. Bendecimos desde nuestros corazones la gracia y la bondad que mediante tus obras te han llevado al cielo y damos gracias en tu nombre por todo el bien que nuestro Dios y Salvador ha hecho con sus hijos en la tierra. Amen