Saltar al contenido

Oración a Inocencio VII

Inocencio VII fue el papa de la iglesia católica N° 204, cuyo mandato ocupó el período entre 1404 y 1406. Su elección coincidió con el inicio de la guerra entre güelfos y gibelinos, que desviaron la atención y la voluntad del papa del cisma de Occidente y le sometieron a la ayuda del rey de Nápoles; era un hombre preparado pero dócil y manipulable, lo que hizo que su gobierno pasara por decisiones cuestionables y muchas revueltas. Su memoria se recuerda el 6 de noviembre.

Inocencio VII nació en Sulmona en el año 1336, su nombre era Cosimo de Migliorati, pertenecía a una familia humilde. Cursó estudios en Perugia, Padua y Bolonia, donde se especializó en derecho canónico y civil,  luego trabajó como profesor de la Universidad de Perugia, hasta que Urbano VI lo envía a Roma para consagrarlo como obispo de Rávena en diciembre de 1387, cargo que no llega a ocupar puesto que  el Señor Guido de Polenta, había dado su favor a Clemente VII. Migliorati es enviado a la diócesis de Bolonia.

El 18 de diciembre de 1389, Bonifacio IX lo nombra cardenal presbítero de la Santa Cruz de Jerusalén, y delegado de Lombardía y Toscana. Luego de la muerte de este pontífice, el colegio cardenalicio acuerda que quien fuese electo renunciaría para acabar con el cisma de occidente. En 17 de octubre del año 1404, Migliorati quien era camarlengo, es electo por unanimidad como Inocencio VII, pero no pudo cumplir con la renuncia acordada, puesto que estalla en Roma la guerra entre gibelinos y güelfos, lo que le obliga a solicitar auxilio a Ladislao de Nápoles.

Con la intervención del rey la rebelión se aplaca, pero también el papa Inocencio VII se compromete a apoyarlo en el trono de Nápoles.

En otros hechos, Inocencio VII actúa en su sobrino Ludovico, quien había sido un mercenario al servicio de los Visconti, realizando crímenes terribles. El papa lo nombra cardenal y luego marqués y conde de Fermo, provocando el descontento entre los romanos y el propio rey Ladislao, quien a pesar de acudir en su ayuda para apaciguar las revueltas, exige mayor autoridad sobre Roma y los Estados Pontificios.

Inocencio VII excomulga a Ladislao, y este retira sus tropas de la ciudad. Las disputas con el antipapa Benedicto XIII también se mantuvieron, hasta su muerte el 6 de noviembre de 1406, un suceso imprevisto por lo que se rumora que fue envenenado.