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Oración a Benedicto XI

Benedicto XI fue el papa de la iglesia católica N° 194, su período apenas duró un año entre 1303 y 1304. La política de este pontífice fue más conciliadora que la de su predecesor, intentando establecer medidas de paz con el gobierno de Francia, al mismo tiempo que mantuvo firme algunas de las decisiones de su predecesor, y la autoridad de la iglesia romana. Luego de su muerte, que fue sorpresiva y está llena de rumores, se relataron numerosos milagros en su tumba que llevaron a su beatificación siglos más tarde. Su memoria se recuerda el 7 de julio.

Benedicto XI nació alrededor del año 1240 en la región italiana de Treviso, su nombre secular era Nicola Boccasini. Siendo apenas un adolescente de 14 años, pidió su admisión en la Orden de los Dominicos de Venecia, donde se destacó por su inteligencia y dedicación al estudio. Se convirtió en especialista en teología y fue designado como maestro. Más tarde, se le nombró prior de Lombardía, y luego sería escogido para el cargo de Maestro General de la Orden de Predicadores, en el año 1296.

Sus cualidades, su experiencia y su trayectoria, lo hicieron delegado de algunas misiones diplomáticas, como la de Flandes, donde tuvo éxito  y se ganó el nombramiento de cardenal en el año 1298. Un poco después se le consagró como Obispo de la diócesis de Ostia.

Durante el pontificado de Bonifacio VIII fue uno de sus partidarios más cercanos, ambos fueron encarcelados juntos en el castillo de Anagni por orden de Felipe IV el Hermoso de Francia. Luego de la muerte del papa Bonifacio VIII, se procedió a la elección del cardenal Boccassini como su sucesor, quien pasó a llevar el nombre de Benedicto XI, el 22 de octubre de 1303.

En su política intentó buscar la paz con Francia, revocó la excomunión del rey, pero mantuvo la sentencia para sus consejeros, Guillermo de Nogaret y Sciarra Colonna.

A pesar de que en diciembre de ese año, el papa Benedicto XI absolvió a la casa de los Colonna de la excomunión y restituyó su independencia, estos se rebelaron en su contra, apoyados por el rey Felipe IV, y por otro lado, ante el descontento de los romanos por las medidas de flexibilización sobre los franceses, el papa Benedicto XI fijó sede en Perugia, donde falleció a los ocho meses, presuntamente envenenado, mientras otras versiones indican que fue a consecuencia de una intoxicación alimentaria, el 7 de julio de 1304.

Luego de su muerte, sucesos extraordinarios se manifestaron en la tumba del papa Benedicto XI, curaciones y otros milagros hicieron que surgiera el culto popular, llevando a que fuese beatificado por el papa Benedicto XIV en el año 1748.