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Oración a Benedicto IX

Benedicto IX fue el papa de la iglesia católica N° 145, quien tuvo tres períodos de mandatos comenzando en 1032 y terminando en el 1048.

Muchos se refieren a este pontífice como una desgracia en el trono de San Pedro, su conducta mundana, perdida en placeres paganos, hizo que Roma se perdiera en un caos de luchas políticas donde acababa siendo depuesto y devuelto al trono, solo por los intereses de las familias poderosas que buscaban el dominio del territorio, quedando totalmente descuidados los intereses de la cristiandad.

Benedicto IX, cuyo nombre era Teofilacto, nació en Roma en alrededor del año 1012. Era miembro de la dinastía de los Teofilactos, de donde surgieron seis papas incluyéndole, sobrino de los papas anteriores Juan XIX y Benedicto VIII, y descendiente de Juan XI, Juan XII y Juan XIII.

Primer período, de 1032 a 1044: Teofilacto es elegido y consagrado como pontífice el 21 de octubre del año 1032, prácticamente impuesto por su padre, el conde Alberico III, cuya familia se había adueñado del poder en Roma, y mediante sobornos y amenazas, consigue el trono papal para su hijo que apenas si llegaba a los 20 años de edad. Benedicto IX pasó a establecer amistad con Conrado II emperador, y a petición de este, excomulgó al arzobispo de Milán Heriberto en el 1037. Sin embargo, luego de la muerte de Conrado II, Benedicto IX queda desprotegido en el trono papal, vulnerable ante el ataque del capitán romano Gerardo di Sasso, quien lo obliga a retirarse de Roma, mientras la casa de Túsculo aprovecha para nombrar como papa a Silvestre III.

Segundo período, de abril a mayo de 1045: Apoyado por sus partidarios, organizan una revuelta en Roma en contra del papa Silvestre que permite que Benedicto IX regrese a Roma, tomando por la fuerza el trono del papa y expulsando a Silvestre a su diócesis en Sabina. Entre abril y marzo del 1045 ya se había instalado de nuevo en el trono. Un mes más tarde, en mayo, asustado por los peligros de las revueltas, y deseoso de continuar con libertad su vida pagana y hasta con deseos de casarse, Benedicto IX accede a ceder el trono papal a su padrino, Giovanni de Graciano (papa Gregorio VI) a cambio de una suma de dinero.

Enrique III emperador, indignado de los vicios en la iglesia, convoca al concilio de Sutri en diciembre del 1046, donde destituye a Benedicto IX y a Silvestre III, obliga a renunciar al Gregorio VI, y nombra a Clemente II como sucesor del trono papal.

Tercer período, de noviembre de 1047 a julio de 1048: Luego de la muerte del papa Clemente II, Benedicto IX aprovecha el vacío en el trono para colocarse de nuevo al frente de la cabeza de la iglesia, fue aceptado el 8 de noviembre del 1047 de manera pacífica para evitar mayores conflictos en una sociedad romana tan desgastada. No obstante, las luchas de poderes en la aristocracia interna acabaron por llevar a su expulsión, reafirmada con la decisión de Enrique III de nombrar otro pontífice legítimo, Dámaso II, quien fue consagrado en julio del 1048, siendo Benedicto expulsado.

Aunque seguía con aspiraciones de retomar la silla de San Pedro, pasó sus últimos años como monje retirado en San Basilio de Grottaferrata, donde falleció el 18 de septiembre del año 1055.