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Oración al Beato Pedro Donders

oracion a san Pedro Donders

El beato Pedro Donders fue un sacerdote del grupo de los redentoristas, conocido por ser el defensor de los leprosos, y dedicarse durante toda su vida a la defensa y predicación de estos enfermos y de los esclavos en la región de Surinam. Vivió durante el siglo XIX.

Pedro nació en la ciudad de Tilburgo de los Países Bajos, en el seno de una familia muy humilde que se dedicaban a laborar como tejedores. Cariñosamente Pedro era llamado de Peerke Donders por todos en la localidad. Sus padres ya habían tenido una niña que falleció con tan solo 14 años de edad, y tuvo luego un hermano que nació paralítico y murió joven. La salud de Pedro era también débil. Tristemente su madre falleció cuando tenía tan solo 6 meses de edad.

Su familia era muy pobre, su padre no podía costearle una educación formal, aunque durante los primeros años de su vida, Pedro consiguió tomar clases en una pequeña escuela de la localidad, pero cuando tenía 12 años, se vio obligado a dejar los estudios y dedicarse al trabajo en el oficio que también ejercía su padre.

Pedro había tenido deseos de ingresar en el Servicio Militar, pero su frágil salud no se lo permitía, de modo que mientras trabajaba en el telar de la familia, comenzó a despertarse en él la vocación por el estudio religioso y de la palabra. Fue nombrado catequista por el párroco y daba clases para los niños. Aunque era un poco torpe en cuanto a sus habilidades motoras y también por el estado de su salud, era un joven entregado al servicio que se esforzaba mucho por su labor religiosa, por tanto fue acogido con cariño y respeto. A los 29 años por consejo del sacerdote director del seminario, comenzó estudios formales para convertirse en sacerdote.

Solicitó ingreso en varios seminarios, aunque fue rechazado inicialmente, logró convertirse en sacerdote redentorista el 15 de junio del año 1841. En su pueblo natal, junto con los redentoristas de Tilburg se embarcaría en misiones en 1842. Su destino fue Paramaribo, localidad de Surinam en la Guayana Holandesa, e inmediatamente se dedicó al fortalecimiento y rescate de los valores y la reestructuración de aquella sociedad que estaba perdida en los vicios. Atendía a todos por igual, indistintamente de raza, condición social, enfermos o no.

Aprendió idiomas nativos para educar a los indígenas, se refugió en la oración y en la Eucaristía para cumplir con su misión, y finalmente sirvió a os leprosos de Batavia por 27 años, mejoro las condiciones de vida de estos enfermos colocando suelos de madera y camas, además defendió a los esclavos cimarroneros.

Hasta los 74 años estuvo en Paramaribo, luego fue enviado a Coronie donde enfermó de los riñones. Cuando tenía 77 años regresó a Batavia por solicitud ante enfermedad del capellán. Finalmente, ya envejecido y después de una vida de admirable labor, falleció el 14 de enero de 1887.  El papa Juan Pablo II lo beatificó el 23 de mayo de 1982.