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Oración al Beato Eduardo Waterson

El beato Eduardo Waterson fue un religioso de la iglesia católica de origen inglés que vivió durante el siglo XVI.

Creció en el seno de una familia de creencias protestantes. No obstante, su convicción religiosa cambiaría en su juventud cuando viajó hacia Turquía junto con otros comerciantes ingleses, y conoció a un mercader con gran riqueza que le ofreció a su hija en matrimonio a cambio de que abandonara su religión y se uniera al islamismo.

Indignado ante tal oferta, el beato Eduardo la rechazó rotundamente, y emprendió su viaje de regreso, esta vez paso por el imperio de Occidente y se detuvo en Roma, donde conoció al que en el futuro próximo sería el obispo de Calcedonia, el sacerdote Richard Smith, quien lo acercó a la fe católica y lo guió en el camino espiritual a su conversión.

Luego de este episodio, el beato Eduardo pasó a Reims, donde ingresó al seminario el 24 de enero del año 1589, siendo ordenado como sacerdote el 11 de marzo del año 1592, entonces decidió regresar a Inglaterra.

El 24 de junio de ese mismo año regresó a su país, en su corazón estaba la misión de evangelizar y predicar la palabra del Dios verdadero. Era un hombre de espíritu humilde, generoso, que meditaba en la oración y se crecía en la penitencia, fue visto como un servidor modelo.

No obstante, poco después de su regreso a Inglaterra fue capturado cuando estaba en Northumberland y encarcelado en Newcastle-on-Thyne, donde se le juzgó cruelmente y se le condenó a muerte. El día que iba a ser ejecutado, los caballos que tiraban del carro se negaron a marchar. Sucedió también con la escalera que llevaba al beato hasta el cadalso, se movía cuando el intentaba subirla, hasta que Eduardo hizo la señal de la cruz y subió.

Proclamando su inocencia y su fe católica aceptó su muerte, fue ahorcado, descuartizado, y sus partes esparcidas por la ciudad de Newcastle. En el año 1929 el papa Pío XI lo beatificó.