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Oración al Beato Benincasa

El beato Benincasa fue un religioso perteneciente a la Orden de los Siervos de María, nacido en Italia, cuya vida se caracterizó por la oración, la penitencia y el servicio a Dios.

Nació en la ciudad italiana de Montepulciano, ubicada en la provincia de Siena de la Toscana aproximadamente alrededor del año 1375. Desde muy joven sintió la necesidad de seguir una vida de dedicación y contemplación a Dios, por tanto decidió ingresar a la orden de los Siervos de María.

No obstante, continuó en su afán por desarrollar las virtudes cristianas del ascetismo, la humildad y la penitencia, así que con 25 años de edad se mudó a una gruta ubicada en el Monte Amiata, también en la región de Siena, el cual sería su templo de refugio y oración. El beato Benincasa disfrutaba especialmente la oración y el silencio como herramientas valiosas para acercarse a Dios.

Los relatos sobre este santo revelan que en cada momento que sentía debilidad, la oración era su principal apoyo para alejarse de las tentaciones, veía la enfermedad como necesaria para expiar sus pecados, se conformaba solo con pan y agua, pues nunca pidió más de lo necesario para su sustento.

Benincasa fue un hombre de ejemplares virtudes cristianas, que vivió en la soledad de la oración y la penitencia, ganándose el pan de cada día con sus trabajos y servicios, ejemplo para toda la comunidad. Se dice que tenía talento especial para los trabajos manuales, y que a todo aquel que lo visitada le obsequiaba algún presente hecho a mano por el mismo.

Cuando tenía 50 años de edad, aproximadamente en el año 1426, el beato Benincasa falleció. Su cuerpo fue sepultado en la ciudad de Monticchiello, en las adyacencias de la iglesia de San Martín, un  lugar cercano a la gruta en la que había vivido la mitad de su vida. En dicho lugar también se edificó un convento para la orden de los Siervos de María en honor al beato. Sus reliquias descansan en la actualidad en la iglesia parroquial de san Leonardo. Fue beatificado en el año 1829 por el Papa Pío VIII.