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Oración a la Beata Verónica de Binasco Negroni

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La beata Verónica de Binasco Negroni, fue una religiosa católica nacida en Italia quien ingresó al monasterio de Santa Marta para consagrarse a la vida del Señor, siguiendo la regla de San Agustín, vivió en medio de austeridad, pobreza, humildad y enfermedad, alcanzando una profunda contemplación del amor de Cristo, alrededor del siglo XV.

Verónica nació en el año 1445, en la localidad de Binasco, situada en las proximidades de Milán. Su familia era muy pobre y humilde, se dedicaban al trabajo en el campo. El hogar a duras penas podía mantenerse con el esfuerzo del trabajo de sus padres, por lo cual, Verónica no pudo asistir a la escuela,  nunca aprendió a leer ni a escribir, aunque sus padres se encargaron de inculcar en ella el amor a Dios y la fe cristiana. Era una joven piadosa, bondadosa, trabajadora, obediente y humilde. Se regocijaba en la soledad y prefería trabajar en el campo sola para poder dedicarse a la oración en sus ratos libres.

Cuando tenía 22 años logró ingresar al humilde convento de Santa Marta de Milán que pertenecía a la orden de San Agustín, pero debía aprender a escribir y leer, para lo cual comenzó a estudiar por las noches. Se sentía agobiada por el poco progreso que alcanzaba, y rezaba a la Virgen María para tener consuelo y librase de su ansiedad.

Se dedicó a la vida religiosa cumpliendo tres lecciones fundamentales, pureza de los afectos, paciencia ante los defectos y pecados de otros, y rogar por el perdón de todos. A los 25 años tomó el hábito y se dedicó a la práctica de la perfección evangélica, cumplir detalladamente las reglas, y ser en extremo obediente.

Años después sufriría un terrible reumatismo, sin embargo, siguió cumpliendo todas sus labores. Sentía enorme placer por ayudar y servir a los demás. Con su palabra y oración consiguió el perdón y la conversión para muchos pecadores. Predijo el momento de su muerte, con 52 años de edad, el 13 de enero del año 1497.

Su culto fue aceptado por el papa León X en el año 1517.