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Oración a la Beata Sandra Sabattini

Beata Sandra Sabattini

La primera «novia» beata de la Iglesia Católica

La tarde del domingo 24 de octubre de 2021, el mundo católico se emocionó con la proclamación de una nueva Beata entre sus santos intercesores, esta es la joven Sandra Sabattini, una italiana que a su corta edad demostró que el amor al prójimo es el camino para llegar a la santidad y conducir a otros a las buenas obras que Jesucristo espera de nosotros.

La joven Sandra falleció trágicamente en un accidente cuando apenas tenía 22 años de edad, estaba comprometida en matrimonio con un joven católico que compartía sus nobles propósitos de apoyar y servir a los más necesitados, especialmente a las personas que tenían discapacidades físicas y problemas de adicción a tóxicos.

La ceremonia tuvo lugar en la Basílica Catedral de Santa Colomba de Rimini, el lugar natal de Sandra, y fue presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, quien es además el prefecto de la Congregación para la Causa de Los Santos; durante la homilía, el cardenal Semeraro recordó las inspiradoras palabras de una hermosa oración escrita por la propia joven algunos años antes de su muerte:

«Señor, que cada acción mía sea determinada por el deseo de bien para los jóvenes, cada minuto es una ocasión para amar a ser aprovechada».
Sandra Sabattini, 07 de Septiembre de 1982

Sandra Sabattini

Sandra Sabattini nació el 19 de agosto del año 1961, en un hospital local de la región de Riccione; sus padres eran cristianos católicos, Giuseppe y Agnes Bonini. Vivián en la ciudad de Misano Adriático, donde Sandra pasó los primeros cuadro años de su vida siendo educada en la fe cristiana, en compañía de su hermano, Rafael.

Cuando Sandra tenía 4 años de edad, se mudó junto a su familia a la casa parroquial de la comunidad de San Girolamo, donde su tío materno era el párroco encargado, el sacerdote, Giuseppe Bonini. Esta proximidad con la religión llevó a la pequeña Sandra a integrarse desde su infancia en las labores de la iglesia, especialmente en las jornadas misionarias para los necesitados y enfermos.

Con apenas 13 años de edad, Sandra participó del campamento de verano para adolescentes de la iglesia, en la casa “Madonna delle Vette”, donde convivió con varios jóvenes que tenían deficiencias físicas graves. Esta experiencia conmovió profundamente el corazón de Sandra. Inmediatamente al regresar a casa, conversó con su madre sobre la decisión de hacerse misionera, con foco especial en estas personas discapacitadas. “Fue una experiencia dura, pero conocí a personas que nunca abandonaré”, fueron las palabras de la jovencita.

Los siguientes años de su adolescencia, Sandra vivió en profunda oración, pidiendo a Dios fuerza y fortaleza para continuar estas misiones de asistencia a los enfermos, para dejar los vicios del mundo, y entregarse sin miedos al servicio que Jesús exige, teniendo mucha esperanza.

Desde el 24 de enero de 1972 Sandra comienza a redactar un diario personal, el cual se transformaría después en un libro de profundas meditaciones, conversaciones con Dios y oraciones que demostrarían cuán profunda era su fe y cuán nobles los deseo de su corazón.

Con tan solo 16 años, en 1975, la joven Sandra conoce el padre Oreste Benzi, quien fue el fundador de la Comunidad del Papa Juan XXIII, una congregación destinada a asistir a “los últimos de la sociedad”, es decir, las personas en situación de enfermedad física o mental, tales como abandono y problemas de adicción. Las experiencias misioneras que Sandra tuvo con este grupo fueron más que suficientes para despertar su voluntad, “asistir al prójimo, y nunca abandonarlo”.

Sandra reconocía, como escribió en su diario, que Dios le había dado muchos regalos en su vida, prosperidad y bienes, y que debía valerse de estos para servir a los pobres, pues este sería el mayor regalo. Sus padres cuentan que cuando un pobre tocaba en su puerta, la jovencita Sandra tomaba sus propios ahorros para completar un donativo justo y generoso.

Sandra decidió que lo que quería para su vida era servir y ayudar al prójimo, por eso se inscribió en la Universidad de Boloña para cursar estudios de medicina. Estudiaba con esmero y dedicación, al mismo tiempo que continuaba su labor misionaria en la congregación del Papa Juan XXIII. Su desempeño universitario era tan admirable como su voluntad para ayudar a otros.

Durante las vacaciones de verano de 1982 y 1983, Sandra participaba de una misión para asistir a los jóvenes toxicodependientes en las casas de rehabilitación de la Comunidad del Papa Juan XXIII.
Su compromiso con el joven Guido Rossi

Sandra conoció al Guido Rossi en 1979, un jovencito que medio de estos cursos de terapia en los que Sandra participaba voluntariamente, se encontraba también buscando maneras de servir como cristiano. Descubrieron que muchos de los ideales de ambos eran compartidos y comunes, y fue así como al poco tiempo estos jóvenes se comprometieron en matrimonio.

Guido Rossi, en un testimonio más reciente, recuerda a Sandra como una mujer dedicada y excepcional, que dio su vida totalmente a los necesitados
Los dos se enamoraron rápidamente, y se plantearon la misión de embarcarse en un viaje a África donde querían fundar una comunidad de asistencia para los pobres, necesitados, “los últimos de los últimos”: Pocos años más tarde, Guido y Sandra se comprometieron en matrimonio, ya tenían todo planeado para casarse e ir a vivir en África donde tantos países precisaban de auxilio.
Su muerte

Cómo si presintiese alguna cosa, Sandra escribió, dos días antes de su accidente en su diario personal, poderosas reflexiones, “No hay nada en el mundo que sea tuyo… todo es un regalo del Creador”.
En la mañana del 29 de abril de 1984, Sandra fue con su prometido Guido, y con un amigo a la reunión de la Comunidad del Papa Juan XXIII. Casi de inmediato, cuando Sandra salió del auto, fue atropellada por un carro que venía en sentido contrario.

El accidente fue grave. Sandra permaneció 3 días en coma, después de lo cual, falleció, el 2 de mayo de 1984, con apenas 22 años edad.

Devoción y milagros

Desde su muerte, muchos testimonios de amigos y conocidos reflejaban el alma pura y noble que esta joven había dejado en vida, en esencial con su trabajo a los necesitados. En 1985 el padre Oreste Benzi, publicó la primera edición del diario de la joven.

El obispo de Rimini, Monseñor Mariano de Nicoló, introdujo la canonización de Sandra Sabattini en el año 2006.
El milagro se presentó el 19 de julio del año 2007. Un hombre italiano con apenas 41 años, Stefano Vitalli, recibió la curación de un cáncer metastásico, por intercesión de Sandra. Esta historia está narrada en el libro “Yo vivo por un milagro”.
Serenidad, compromiso, esfuerzo y dedicación, estás y más son las virtudes que la beata Sandra Sabattini transmite para todos los cristianos.